Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
En los campos y esteros de Corrientes, entre los sonidos que caracterizan su riqueza natural, hay dos que despiertan tristeza porque parecen llamados desesperados para alguien que ya no está. Son los cantos del karáu y del crespín, aves que habitan en la región y que inspiraron dos de las leyendas más populares del folclore nacional. Similares en algunos detalles, estas historias hablan del arrepentimiento y el desinterés por el dolor ajeno. Y en ambos casos, pasaron de la narración oral a quedar inmortalizadas en reconocidas piezas del cancionero argentino. En el Día Mundial de los Animales estos son dos ejemplos de cómo una profunda relación con la naturaleza y la fauna autóctona puede convertirse en el emblema de la cultura y tradición de todo un pueblo.


EL HIJO
El karáu o carau (Aramus guarauna), es un ave de patas largas y plumaje gris oscuro que habita en los esteros y montes húmedos. La leyenda guaraní le atribuye ese color a un castigo y como ocurre con los mitos y leyendas, su origen es un misterio. Pero en la provincia, el Norte del país y el Paraguay se cuentan los mismos detalles.
En Cuentos y Leyendas Populares de la Argentina, Berta Vidal de Battini registró la versión de una maestra chaqueña en 1951. «Había una vez un mozo muy juicioso que vivía con la madre. Jamás conoció diversiones. Un día se enfermó la madre y él salió a buscar remedio, pero en el camino se entretuvo en casa de unos vecinos que estaban de baile y se olvidó del motivo del viaje. Bailó toda la noche y cuando más animado estaba el baile, llegó un mozo que le traía la noticia que había fallecido la madre, a lo que él contestó: ‘El que muere, muerto está. Hay tiempo para llorar'».
«Cuando estuvo de vuelta en su casa, le contaron que la pobre madre, mucho lo había llamado, y él arrepentido por su mal comportamiento, jamás pudo consolarse. Tanto fue su arrepentimiento, que la Providencia lo transformó en ave para llorar su dolor. Se le ve siempre solo en la orilla de lagunas y esteros, donde se oye un canto lastimero y triste: ‘¡Carau! ¡Carau! ¡Carau!'», relató la mujer.



LA ESPOSA
El crespín (Tapera naevia) es un ave de plumaje gris con pintas y copete más oscuro que vive en los montes. Su comportamiento solitario y esquivo, además de su canto melancólico que puede oírse día y noche fundamentaron una historia similar a la del karáu, pero con una mujer como protagonista.
En el libro Bestiario nacional: criaturas del imaginario argentino se cuenta: «Es el alma en pena de una mujer (algunos testimonios hablan de un hombre) que fue convertida en pájaro como castigo a su gran falta. Los relatos cuentan que la mujer fue al pueblo en busca de medicamentos para su marido, un hombre bueno y trabajador, pero se enteró de una fiesta y se quedó en ella hasta el día siguiente. Al volver a su hogar, la mujer se encontró con su marido muerto y, llena de horror, descubrió que se convertía en pájaro y que solo podía emitir un sonido: ‘crespín, crespín’, el nombre de su marido muerto».
A diferencia del karáu, a esta ave muchos le tienen respeto. Se dice que no deben imitar su silbido porque el alma de la mujer puede castigar a quien se burle de su lamento.
MÚSICA
Como era de esperarse, de ambas leyendas se hicieron canciones. La más reconocida en Corrientes es el chamamé El Karáu cantada por decenas de artistas y cuya primera grabación data de 1926. Pero también está Tristeza del crespín, de Heraclio Pérez y Héctor Chávez. Ambas composiciones son un lamento por un amor que ya no está: uno hacia una madre y la otra para un ser querido al que no se supo valorar.
