Tras 48 horas de intensa incertidumbre, el río devolvió los cuerpos de los dos trabajadores que habían desaparecido el domingo. Pablo Zacarías, de 26 años, y Ricardo Franco, de 41, fallecieron en una zona no habilitada de Rosario del Tala.
Lo que comenzó como una tarde de descanso y recreación familiar terminó en una doble tragedia que enluta a las provincias de Entre Ríos y Corrientes. Este martes por la tarde, las dotaciones de rescate confirmaron el hallazgo del cuerpo de Pablo Zacarías, el joven correntino de 26 años que era buscado intensamente desde el pasado domingo en las traicioneras aguas del río Gualeguay.
El operativo, que movilizó a bomberos de más de seis localidades y buzos tácticos de Paraná, llegó a su fin a las 18:55. El cuerpo de Zacarías fue localizado en el paraje conocido como Las Flores, poniendo punto final a un despliegue que incluyó drones, embarcaciones y rastrillajes pedestres.
Horas antes, al amanecer de ese mismo martes, el río había entregado el primer cuerpo: el de Ricardo Franco, un vecino de Rosario del Tala de 41 años. Su resto fue hallado a unos 600 metros de donde se lo vio por última vez, en el sector denominado «Pozo Las Taruchas», en la zona de Sauce Norte.
Según los testimonios recolectados por la Jefatura Departamental Tala, el drama se desencadenó el domingo cuando Zacarías cayó accidentalmente al cauce. El joven, que no sabía nadar, se encontraba con su pequeño hijo. En un acto de desesperación y valentía, Ricardo Franco se arrojó al agua para intentar rescatarlo. Si bien el bebé logró ser puesto a salvo por otra persona presente en el lugar, la corriente y la profundidad del sector —conocido por sus pozos— terminaron succionando a ambos hombres.
Desde la policía local, la subjefa Raquel Piccini fue tajante: el trágico episodio ocurrió en una zona no habilitada para el ingreso al agua. La peligrosidad del río Gualeguay en ese sector es bien conocida por los lugareños, pero suele ser ignorada por quienes buscan alivio frente a las altas temperaturas.
Ambos fallecidos se desempeñaban desde hacía algunos meses como trabajadores en una estancia de la zona. Hoy, sus familias y compañeros de trabajo enfrentan el dolor de una pérdida que, según las autoridades, podría haberse evitado respetando las señales de prohibición de baño.

