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    Portada » Enrique Shaw: ¿Se puede ser empresario y ser santo?
    Sociedad

    Enrique Shaw: ¿Se puede ser empresario y ser santo?

    22 de diciembre de 2025
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    El papa León XIV beatificará próximamente al empresario argentino, Enrique Shaw. No se trata solo de una noticia religiosa: es una oportunidad para volver a mirar el rol del empresario. En una época en la que se cuestiona al empresario argentino, es interesante revalorizar el costado virtuoso de este rol social. En el debate público, a veces se lo reduce al estereotipo del que «gana plata» y se pierde de vista el riesgo cotidiano que afronta el que produce y da trabajo.
    Shaw nació en París el 26 de febrero de 1921 y murió en Buenos Aires el 27 de agosto de 1962. Fue director general de Cristalerías Rigolleau y uno de los fundadores de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde) y estuvo al frente de Pinamar SA. Pero su legado no se resume en la cantidad de cosas que emprendió, sino en una manera de entender la economía: la empresa, para él, no era una máquina de producir ganancias, sino una comunidad de personas.
    Por eso vivió la rentabilidad como un medio y no como un absoluto: necesaria para sostener el proyecto, pero insuficiente para justificarlo. Esa convicción se tradujo en decisiones concretas: salarios más justos, programas de formación, cuidado de la salud, atención a las familias. La doctrina social de la Iglesia, en Shaw, no fue un discurso; fue un criterio para gerenciar.
    Traerlo al presente es inevitable. En un país donde las reglas de juego cambian con frecuencia, apostar capital, tiempo y energía en una empresa no es un gesto menor. El que invierte en maquinaria, plantas, producción y empleo asume riesgos reales: manejar personal, afrontar la competitividad, responder a la demanda y sostener una carga legal y administrativa que suele ser pesada.
    No es lo mismo invertir dinero en el mercado de capitales que producir: hay máquinas que se rompen, salarios que abonar cada mes, clientes que demoran en pagar y costos que no esperan. Con la baja del consumo y alta presión impositiva, cada decisión se vuelve todavía más exigente.
    Y, sin embargo, muchos siguen eligiendo ese camino. Podrían liquidar bienes y retirarse, o buscar rendimientos más cómodos. Pero permanecen, mejoran procesos, cuidan la calidad, buscan nuevos mercados y se esfuerzan por sostener puestos de trabajo. No se trata de negar tensiones ni errores, se trata de reconocer una vocación social que organiza la producción y crea oportunidades reales.
    La figura de Enrique Shaw ayuda a mirar todo esto con otro lente. Revalorizar al empresario no es idealizar: es reconocer que, cuando la empresa se entiende como comunidad, se generan trabajo, futuro y dignidad. A veces eso exige sacrificar comodidad y asumir estrés para que otros tengan un salario, una capacitación y pan en la mesa. En tiempos difíciles, necesitamos dirigentes capaces de producir sin olvidar a la persona, y de ganar sin convertir la ganancia en un ídolo. Pero también es deber de una sociedad valorar a los empresarios como actores sociales en el desarrollo de un país.
    Ahí, en decisiones concretas y cotidianas, se juega una economía verdaderamente humana, y se forja una vocación de servicio al prójimo que a Enrique Shaw lo llevó a la santidad como proyecto de vida.

    Por Guillermo Marcó, Párroco de San Lucas. Director del Servicio de Pastoral Universitaria y Presidente Instituto del Diálogo Interreligioso, ex Secretario del cardenal Jorge Mario Bergoglio y luego Papa Francisco, publicado en Infobae.

    Honrar la «noble vocación» empresaria sirviendo al bien común

    «Detrás de cada una de las decisiones que tomamos hay personas, familias, comunidades que debemos incluir en la ecuación económica», dice la presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde), Silvia Bulla y recuerda la figura de Enrique Shaw, el empresario «milagroso» a ojos del Vaticano, fundador en el país de esa entidad empresarial.
    En una nota que suscribe y publicada en el diario Perfil, de Buenos Aires, la empresaria recuerda que el 27 de agosto, «los argentinos celebramos el Día Nacional de la Comunidad Empresarial. Lo hacemos para honrar la figura del empresario argentino Enrique Shaw, fundador en el país de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa y promotor en todo el mundo de un empresariado comprometido con la promoción del desarrollo integral de los pueblos». Agrega que «quienes formamos Acde, queremos en este día convocar a todos los sectores sociales y en especial a nuestros colegas empresarios a invertir sus talentos con la mirada puesta en el bien común».
    En ese sentido, puntualiza que «sabemos, que estamos transitando cambios profundos. Y esas transformaciones no son inocuas, nos exigen revisar nuestra productividad para poder competir en un mundo cada vez más tecnificado. Hoy más que nunca debemos ser conscientes de que detrás de cada una de las decisiones que tomamos hay personas, familias, comunidades que debemos incluir en la ecuación económica».
    «Como tantas veces en su historia, Argentina está ante un nuevo cruce de caminos. Queremos imaginar un futuro con esperanza en el que no existan argentinos excluidos de la mesa del progreso, del crecimiento, del trabajo. Es una oportunidad única que no podemos desaprovechar», afirma entre otros conceptos.

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