Desde el reporte de la caída al mar de Juan Carlos Gutiérrez, un marinero correntino de 46 años que desempeñaba tareas en el buque pesquero “Luca Mario”, la Prefectura Naval puso en marcha un operativo de rastrillaje sin precedentes en las cercanías de Puerto Deseado.
El incidente ocurrió mientras la embarcación operaba en plena faena a unas 145 millas náuticas (aproximadamente 268 kilómetros) de la costa. Desde ese instante, el Subcentro Coordinador SAR Puerto Deseado tomó las riendas de una búsqueda que, hasta el momento, ha arrojado resultados negativos a pesar del enorme despliegue de recursos humanos y técnicos.

Durante este jueves, las tareas de localización se vieron fortalecidas por el apoyo aéreo. El avión PA-25, perteneciente a la Estación Aérea de Comodoro Rivadavia, realizó un barrido exhaustivo sobre una superficie de 870 millas náuticas, cubriendo casi 1.600 kilómetros de recorrido en busca de cualquier indicio o rastro del tripulante.

En la superficie, cinco buques (el propio “Luca Mario”, junto al “Ponte De Rande”, “Anabella M”, “API V” y el “Beagle I”) mantienen una navegación sistemática por cuadrantes específicos definidos por los especialistas en rescate.
LAS CONDICIONES CLIMÁTICAS: UN ALIADO FRÁGIL
A diferencia de la hostilidad meteorológica que marcó el momento del siniestro, el operativo actual se desarrolla bajo una ventana de buen tiempo. Con vientos del oeste de 15 nudos y olas que promedian los 1,8 metros, las unidades aéreas y marítimas han podido operar sin los impedimentos que suelen caracterizar al Mar Argentino.
Sin embargo, el factor tiempo es el enemigo más implacable. Mientras la Autoridad Marítima nacional sostiene el ritmo de trabajo, la familia de Gutiérrez permanece en vilo, esperando que la esperanza que aún sostienen se transforme en una noticia concreta entre tanto oleaje.

