De las muchas composiciones que forman parte del cancionero correntino, hay una que fue creada para recordar a una mujer que no pudo superar una herida de amor y buscó consuelo en el alcohol. Su melodía al compás del acordeón se convirtió en un clásico de la música litoraleña, al punto de que son pocos los que no lo reconocen al escucharlo una sola vez. Y, aun así, siempre existió un velo de misterio sobre el personaje real detrás de este mítico chamamé. Ahora, el nieto del acordeonista y compositor, Rogelio Capurro, relató su experiencia y dio pistas sobre una señora llamada Cándida que sería la verdadera inspiradora de La Caú.
«Caú» es una palabra guaraní que significa «borracho». Es por eso que el recitado original que acompaña el chamamé expresa: «Era ella guainita enamorada que, al perder su adorado mborayhu (amor), vivió siempre borracha y peregrina, por eso la llamaban ‘La Caú’. En largas correrías por la selva, tarareaba entre dientes un cantar, que se adentró en el alma de los mozos, haciéndose tonada popular».
En un texto que compartió con EL LIBERTADOR, el locutor y referente radial, Jacinto Méndez Capurro, contó la historia de Cándida, la guaina a la que hace referencia la melodía y a quien conoció en la casa de sus abuelos en Mercedes, durante la década del 60. «Era una mujer mofletuda, regordeta y siempre vestida de negro que visitaba mi casa y no imaginaba que era la musa inspiradora de uno de los temas más conocidos del repertorio», comenzó su relato al que tituló «Yo conocí a La Caú».
«Se llamaba Cándida, o al menos así le decía mi madre. En raras ocasiones pasaba a la sala y se sentaba un rato. Siempre estaba sonriente, tenía un rostro pícaro y hacia chistes y guiños permanentemente. Siempre vestía de negro y eso me llamaba la atención. En la cabeza usaba un pañuelo negro cruzado a la manera gitana de donde escapaban algunas mechas canosas», recordó y agregó: «En los últimos tiempos de mis recuerdos, ya utilizaba un bastón. Percibía en ella un gran amor a mi madre. Recuerdo que decían que era una gran tiradora de cartas».




ORIGEN
En cuanto al origen de la melodía, Méndez Capurro, asegura que es autoría de su abuelo, el compositor Rogelio Capurro, quien se inspiró la mujer a quien veía con frecuencia en su casa. «Siempre supe que ese éxito titulado La Caú era de mi abuelo. Eso se sabía desde siempre en mi casa. Pero también sabía que mi abuelo -acordeonista de acordeón a piano- jamás se tomó la molestia de registrar sus composiciones. Simplemente las interpretaba con su conjunto transitando escenarios y radios de todo el país. Era original de mi abuelo y fue popularizada por don Mauricio Valenzuela que era amigo de la familia, junto a Mario Millán Medina», aseguró.
También mencionó que esa composición forma parte de una trilogía que completan «La Tabí» (La Loca) y «La Mondá» (La Ladrona). «Cándida creo que vivió sus últimos años en el Hogar de Ancianos. Dionisia se llamaba La Tabí, y a La Mondá creo que le decían Esthercita. Todo esto lo registro de anécdotas de mi abuelo Rogelio», agregó.
TALENTO
Sobre don Rogelio, la Fundación Memoria del Chamamé menciona que nació el 1 de octubre de 1906 en Monte Caseros. También, que vivió en Saladas, San Roque y finalmente, en Mercedes donde entró en contacto con otros músicos y al poeta Carlos Alberto Castellán con el que forma dupla y quien le abre las puertas al sello «Odeón» en donde hizo sus únicas grabaciones.
«En la faz autoral llevan su firma obras como ‘Escuchen Corrienteros’, ‘Yeroki Kirei’, ‘la Mondá’, ‘San Roque’, y ‘La Tabí’. Rogelio Capurro falleció en Empedrado, el 1 de septiembre de 1984», completa su biografía.
Su nieto, Jacinto, quiso hacerle un homenaje con este recuerdo. Y, también, intentó rescatar del olvido a la musa del reconocido chamamé. «Qué lástima no haber podido hablar más con ella, preguntarle cosas. Qué lástima que nadie nunca le grabó un reportaje. Qué lástima no saber siquiera su apellido, ni donde estará yaciendo. Al escribir estas líneas, le ofrendo a Cándida mi memoria emocionada y un aplauso agradecido a mi abuelo».
