Este viernes 28 se cumplieron 253 años del natalicio de un ilustre que marcó a fuego la pasión por la naturaleza y la investigación de las ciencias naturales en la provincia: Aimé Jacques Alexandre Goujaud Bonpland, más conocido como Amado Bonpland, el francés que se enamoró de Corrientes. Médico, naturalista, botánico, explorador, geólogo de oficio, iniciador de decenas de proyectos productivos y entusiasta investigador, este hombre de las mil vidas dejó un legado invaluable y, como no era de extrañar, también una anécdota fantástica sobre sus dos muertes para coronar una biografía de película.
Cuando llegó a Corrientes, a los 47 años, ya era una figura de prestigio internacional: sus viajes por Sudamérica con Alexander von Humboldt, sus publicaciones sobre botánica y su pasión por la recolección y clasificación de las especies vegetales lo llevaron a ser uno de los investigadores más respetados en su Francia natal, donde incluso cuidó durante varios años los jardines del palacio de Malmaison a pedido de la emperatriz, Josefina Bonaparte.
Arribó a Buenos Aires en 1917 y allí, gracias al reconocimiento que le precedía, se codeó con la élite porteña, comenzó sus trabajos de herborización en distintas localidades y tomó su primer contacto con una de las plantas a cuyo cultivo y producción le dedicaría gran parte de su vida: la yerba mate.
Ya en Corrientes enfrentó grandes dificultades. Se instaló en una región que se conocía como Santa Ana, casi frente a Encarnación donde comenzó a profundizar sus estudios en botánica y biología, además de iniciar un establecimiento de producción de yerba mate. Sin embargo, el entonces gobernador de Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia quien se autodenominaba «dictador perpetuo», lo mandó a detener bajo la sospecha de que era un espía francés. Pero más que nada, porque el monopolio de la yerba lo tenía su país y no estaba dispuesto a permitir competencia.
CAUTIVERIO
Con esa acusación como excusa el gobernante paraguayo mandó a quemar las plantaciones de Bonpland, mató a varios de sus peones, lo hirieron a él y se lo llevaron detenido. El francés pasó nueve años prisionero en el vecino país, pero lejos de dejar de trabajar, se dedicó a la medicina y a continuar sus estudios personales.
Nunca se enteró de los reclamos internacionales que hicieron sabios y políticos para que fuera liberado. Al recuperar la libertad, volvió a Corrientes a lo que hoy es Paso de los Libres y allí creó un establecimiento al que llamó Santa Ana como el que había sido destruido antes de su captura. Pero una vez más lo iba a ver desaparecer años después tras la batalla de Pago Largo.
INCANSABLE
Sin intención de desistir y pese a las invitaciones de Francia donde le prometieron todos los honores, el botánico decidió quedarse y continuar sus múltiples investigaciones. En 1843 se casó en segundas nupcias con Victoriana Cristaldo y tuvo con ella dos hijos y una hija nacidos en Corrientes. Mientras, él inició trabajos en cría de ovejas; también ensayó el cultivo de la vid para producir vino correntino; realizó luego estudios del suelo para evaluar la riqueza mineral de la provincia; y retomó la producción de yerba mate.
A sus 82 años aceptó del gobernador Juan Pujol, su amigo personal, el cargo de Director del Museo de Ciencias Naturales, institución que sigue en funcionamiento después de tantos años e incluso lleva su nombre.
INCREÍBLE
El 11 de mayo de 1858, el sabio francés que decidió quedarse en Corrientes moría en su casa de Paso de los Libres por una afección de la que no logró recuperarse. Tenía 85 años. Fue entonces cuando un hecho que raya lo fantástico ocurrió en su velorio.
Según la anécdota, al enterarse de su muerte, Pujol mandó a embalsamar su cuerpo para llevarlo a la Capital correntina. El trabajo fue tan bueno que un gaucho un poco ebrio que pasaba por allí no notó que Bonpland había muerto. Lo saludó y al no recibir respuesta se ofendió tanto que tomó un facón de su cintura y lo apuñaló. Por supuesto, Bonpland no hizo ningún sonido y esto espantó al hombre que escapó en su caballo.
Dos veces fallecido, el cuerpo quedó maltrecho a causa del ataque y se desistió de llevarlo a la Capital. Desde entonces, sus restos descansan en el Cementerio de la Santa Cruz de Paso de los Libres.
LEGADO
Sus aportes en botánica incluyen la clasificación de alrededor de 30.000 especies, sus diarios de viajes constituyen documentos invaluables sobre la vida natural en América del Sur y sus permanentes trabajos en agricultura permitieron que hoy, por ejemplo, Argentina sea uno de los mayores productores de yerba mate del mundo.
En su honor, localidades, calles e instituciones, incluso un cráter de la luna y un asteroide llevan su nombre. Su busto se puede encontrar en lugares como Asunción y, por supuesto, en la Costanera de la ciudad de Corrientes. Además, el mausoleo en el que descansa este francés «acorrentinado» es Monumento Histórico Nacional. Decenas de homenajes para un hombre polifacético que de sus mil vidas eligió a Corrientes como un hogar.

