En medio de los dimes y diretes que rodean la visita y agenda del Gobernador de Buenos Aires, el ex diputado nacional, Rodolfo Martínez Llano, dejó en claro que sería bueno y oportuno que Kicillof se reuniera con la militancia partidaria para escuchar y realizar definiciones en torno a sus pretensiones y garantías que dará para la libre participación en las Primarias.
Martínez Llano remarcó que, más allá de la presentación de un libro y de la reunión con Juan Pablo Valdés, el contacto con el peronismo, en su sede partidaria, sería lógico, destacando que nunca les fue fácil a los dirigentes bonaerenses empatizar con los correntinos.

Indicó que, aun cuando no tiene una posición tomada, porque antes quiere verlo caminar y asumir definiciones públicas, considera importante «no poner palos en la rueda como lo vienen haciendo algunos compañeros, tanto de la conducción nacional, como de la provincia de Buenos Aires en incluso de la propia Corrientes que, en las últimas horas no han estado a la altura de las circunstancias».
«No es esta la expresión del justicialismo en su conjunto. Se quiere trabajar para ganar, y construir de abajo hacia arriba un proyecto colectivo a punto», dijo.
Finalmente, exhortó a todos a involucrarse y estar dispuestos a jugar todo lo fuerte que sea necesario para que en 2027 «volvamos a tener un gobierno peronista».
Ante una chance histórica

Ahí, donde la visita se vuelve más incómoda para el propio visitante es en el diálogo con la dirigencia justicialista local. Porque el peronismo de Corrientes no viene a recibir a Kicillof con brazos abiertos y sin condiciones. Viene con una mochila cargada de décadas de postergación, de candidaturas bajadas desde Buenos Aires, de estructuras partidarias vaciadas por decisiones que se tomaron lejos y sin consultar a quienes conocen el territorio.
La Provincia lleva más de medio siglo sin que el peronismo pueda hacerse del gobierno. No es una anécdota menor: es el síntoma más elocuente de un partido que, en estas tierras, ha sido manejado durante años como una sucursal del kirchnerismo porteño como antes lo fue del menemismo.
El pedido es claro. Que las Primarias ordenen las aspiraciones y que no se aplique el criterio de la boleta corta que fue alentado por el «cristinismo» para sumar legisladores afines, aun sacrificando una buena cosecha electoral.

