Ocurrió entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de noviembre de 1902. Fue un duro golpe para la comunidad y disparó acusaciones entre la Iglesia y el gobierno de entonces. La encontraron abollada años después, pero la arreglaron y así la Tupâsy fue coronada dos veces. Nunca se supo quién se la llevó.
Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
Hace 123 años, un hecho sacudió Corrientes y causó tal revuelo que debieron intervenir especialistas enviados desde Buenos Aires. Fue el robo de la corona y las alhajas de la Virgen de Itatí y hasta hoy, uno de los delitos más resonantes de principios del siglo pasado. Sospechas hubo muchas, pero aun así, el misterio sobre quién o quiénes fueron los responsables y con qué fin se llevaron, desarmaron y abandonaron el preciado botín sigue sin respuestas. Este es un repaso del delito que derivó en que la Tupâsy fuera dos veces coronada.
Los datos históricos coinciden en afirmar que el robo fue cometido entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de noviembre de 1902. Apenas dos años después de primera Coronación de la Virgen. Forjada en oro y con incrustaciones de piedras preciosas, la corona era de gran valor monetario, pero más aún simbólica, por lo que representaba y por el hecho de que había sido bendecida por el Papa León XIII.


Para el 1 de diciembre, el diario La Nación publicó: «Poco se adelantó en la pesquisa. Se revisó prolijamente el templo, comprobándose que no hay indicios especiales de que para efectuarse el robo se hubiera penetrado con violencia. Es un verdadero misterio. Se supone que los ladrones conocían todo por ciertos detalles observados en el camarín, que fue abierto para sustraer alhajas». La información provenía de un telegrama enviado desde Corrientes y, según se detalla en el archivo digital, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

TENSIONES Y SOSPECHAS
«En Itatí todos se hallan asombrados del robo, porque siendo un pueblo pequeño es muy difícil que persona extraña alguna vaya sin ser vista u observada», completaba la nota y también se mencionaba que un español estaba preso como principal sospechoso. Sin embargo, el tinte en que eran dados a conocer los datos, daba cuenta de una tendencia a inculpar a alguien vinculado al templo.

Al parecer, la intención era apuntar contra el obispo Rosendo de la Lastra y Gordillo, principal impulsor de la coronación de la Virgen y un fuerte crítico del gobierno provincial, a causa de la administración de los bienes públicos. Monseñor y los frailes que obraban en Itatí se volvieron el blanco de las sospechas. Al punto que se instaló el rumor de que todo fue un auto robo, cometido para ocultar el hecho de que supuestamente, la corona no era de oro, ni sus piedras eran preciosas.
De hecho, un segundo detenido fue el fray Ludovico Bertacagni, cura párroco del santuario y una otra nota del 1 de enero de 1903, la Nación apuntó directamente contra él: «Se asegura que en un baúl del mencionado fraile, encontró la Policía el formón con que se abrió el camarín de la Virgen, coincidiendo exactamente con la hendidura del camarín y teniendo hasta una abolladura por haber chocado con un clavo». Acusaciones y calumnias que marcaron para siempre la vida y labor del religioso que fue liberado tiempo después y que luego se trasladó a vivir a Italia muy golpeado por lo que sufrió en Corrientes.
DESCONCIERTO
El caso era investigado por el comisario de Itatí, señor Airaldi y su secretario, el señor Arrieta, pero ante las calumnias, monseñor De la Lastra pidió asistencia a Buenos Aires, y desde allí enviaron al auxiliar Francisco Laguarda y el agente principal Manuel Gallardo. El intenso trabajo se interrumpió hacia el 31 de diciembre, cuando fueron informados de que se encontraron algunas de las piedras preciosas y parte de la corona. «El hallazgo se hizo en la costa del río, a una cuadra de la casilla del puerto, enterrada en la arena superficialmente. La corona estaba completamente deshecha. En un pañuelo se hallaron diez estrellitas y un zafiro de la misma. Faltan los adornos y anillos. Dichas prendas estaban debajo de la arena y tapadas con ramas», publicó luego La Nación.

Lo demás es historia conocida. Las acusaciones contra el Obispo desistieron, porque se comprobó que las joyas eran reales. Y, hacia marzo 1905, también en zona de la costa de Itatí, encontraron el resto del armazón de la corona. Estaba abollado, pero completo.
Sin embargo, la Justicia correntina ordenó que fuera secuestrada del Obispado de Paraná, donde fue llevada para su refacción. Este fue otro golpe contra De la Lastra, quien debió esperar hasta mediados de 1907, para que la joya les fuera devuelta para su restauración.
Finalmente, el 25 de marzo de 1908, tras sortear todos los inconvenientes, y durante una ceremonia multitudinaria, monseñor Rosendo pudo colocarle, por segunda vez, la preciada corona a la Virgen de Itatí.
Desde entonces, el robo de la corona de la Virgen pasó a ser una anécdota que se recuerda cada noviembre en Itatí como el misterio que nunca se resolvió.

