En el barrio La Olla, el merendero Luz de Esperanza ofrece asistencia alimentaria y acompañamiento educativo a niños y adolescentes. Su responsable, Mirta Alegre, habló con EL LIBERTADOR sobre el trabajo comunitario que desarrolla desde hace 15 años. La iniciativa creció desde sus comienzos y hoy recibe a chicos de diferentes sectores de la ciudad.
Actualmente, asisten alrededor de 140 niños provenientes de La Olla, Barrio Nuevo, Quintana y San Jorge. El espacio organiza meriendas, almuerzos, apoyo escolar y propuestas recreativas durante la semana. También recibe a madres que se acercan mientras los chicos participan de las actividades.
LA PROMESA QUE DIO
ORIGEN AL ESPACIO
El merendero comenzó entre el 24 y el 25 de febrero de 2011, fechas que Mirta reconoce como su aniversario. La iniciativa nació de una promesa religiosa vinculada con su hijo Ismael. El niño había nacido con síndrome de Down y permaneció internado en terapia intensiva.
Tras la recuperación de su hijo, Mirta comenzó a realizar actividades de ayuda comunitaria. Con el tiempo, continuó esa tarea incluso después del fallecimiento de Ismael. Desde entonces, mantuvo su compromiso con los chicos y las familias que necesitan acompañamiento.
En sus comienzos, el merendero recibía a diez chicos y también ofrecía un lugar para estudiar. Mirta consiguió un pizarrón y una biblioteca para acompañar las tareas escolares. Así, la propuesta combinó desde el principio la merienda con el apoyo educativo.
ALIMENTOS Y EDUCACIÓN
Actualmente, los sábados, una psicopedagoga y un grupo de voluntarios participan de las actividades educativas. La propuesta incluye lectura, cuentos, pintura, juegos y cuadernillos adaptados a cada grado escolar. Estas iniciativas buscan acompañar el aprendizaje y ofrecer un espacio de contención.
El merendero también brinda apoyo escolar con la colaboración de la hija de Mirta. La responsable manifestó su preocupación por las inasistencias escolares de algunos chicos. Según relató, hay estudiantes de primaria y secundaria que llevan más de tres semanas sin concurrir a clases.
Durante la semana, el espacio prepara meriendas para más de 80 niños, aunque la asistencia varía según el día. Los sábados, además, organiza almuerzos para quienes participan de la jornada. La propuesta incluye a chicos desde los cinco años, adolescentes y adultos jóvenes que crecieron en el merendero.
DONACIONES QUE SOSTIENEN EL ESPACIO
Según explicó Mirta, preparar el almuerzo de los sábados demanda más de 180.000 pesos. Los gastos de alimentación representan uno de los principales desafíos para mantener las actividades. Por eso, las donaciones resultan fundamentales para sostener la atención de los chicos.
La responsable explicó que el merendero se mantiene principalmente mediante aportes de particulares y organizaciones. «Todo a pulmón siempre», expresó al describir el esfuerzo que implica continuar con la tarea. También señaló que no recibe asistencia provincial regular para cubrir las comidas.
Entre los colaboradores se encuentran Expedición Sonrisa y la Red de Alimentos de Corrientes. Esta última distribuye productos que no fueron comercializados en supermercados, mientras otros aportantes acercan alimentos y mercadería. También colaboran comercios, distribuidoras y personas que conocen el proyecto a través de las redes sociales.
La ayuda permite organizar entregas de distintos productos según las donaciones disponibles. Además de la asistencia alimentaria, Mirta impulsa repartos de juguetes y golosinas para los chicos. También organiza paseos a lugares como Itatí, la laguna Totora y el zoológico de Paso de la Patria.
A lo largo de los años, distintas personas aportaron materiales y recursos para construir y mejorar el espacio. Con el apoyo de voluntarios y donantes, Luz de Esperanza continúa ofreciendo alimentos, educación y contención en el barrio La Olla. Las personas interesadas en aportar ayuda al merendero pueden contactarse directamente con Mirta al número 3795-011-191 o por sus redes sociales @1mirtaalegre.

