El Papa León XIV publicó el lunes 25 de mayo de este año, fecha que en la Argentina se conmemora precisamente la fecha patria de la Revolución de Mayo, su primera carta encíclica, titulada Magnifica humanitas (en latín, Magnífica humanidad), centrada en «la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial». En el documento, advierte sobre los riesgos de un desarrollo tecnológico sin control ético y propone aplicar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para que la Inteligencia Artificial (IA) sirva al bien común y no se convierta en un instrumento de poder en manos de unos pocos.
Así como la carta encíclica Rerum Novarum (en latín, «De las cosas nuevas») del Papa León XIII sentó en 1981 las bases de la Doctrina Social de la Iglesia ante los abusos de la industrialización, la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, propone en 2026 un marco ético y pastoral para afrontar la inteligencia artificial, la automatización y la cultura digital sin perder de vista lo esencial: la persona humana.
Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, la Encíclica parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (ver el N° 4), ni «un mal en sí misma» (N° 9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (N° 16).
LA LIBERTAD
El tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (N° 171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.
La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (N° 173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital.
Trabajo: la persona, no el beneficio
En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Papa León XIV destaca en su encíclica Magnifica humanitas la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (N° 150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).
El deporte
León XIV dirigió su atención al mundo del deporte, donde cuántos deportistas enseñan a perder sin odiar, a ganar sin humillar o a levantarse después de caer.
«Sobre esto, San Juan Pablo II, como deportista y pastor, declaró: ‘En estos tiempos en que por desgracia diversas formas de violencia, y por lo tanto de odio, tienden a desgarrar nefastamente el tejido de la solidaridad social, ustedes (los deportistas) contribuís, por vuestra parte, a dar un testimonio luminoso de cohesión, de paz, de unión, en una palabra, de saber estar juntos’. Estas palabras son más actuales y oportunas que cuando resonaron por primera vez». De ahí su invitación a ser hilos nuevos acogiendo el consejo que San Pablo nos deja en la Carta a los Romanos (Rm 12,15-18). Porque en todo ello se juega que, en el porvenir, siga resplandeciendo nuestra «magnífica humanidad».

