Sin signos claros de reactivación en la economía real y en el marco de un mercado doméstico que opera dentro de una «meseta baja», la cadena maderera argentina enfrenta un proceso de reconversión forzada y concentración industrial.
Así lo revela el último informe de coyuntura elaborado por el consultor Gustavo Cetrángolo para la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (Faima), cuya radiografía expone el severo impacto del desplome del consumo interno y la paralización de la obra pública, sacrificados en pos del equilibrio fiscal, a julio del corriente año, señala la nota escrita por Patricia Escobar, en la página web de Argentina Forestal.
Agrega la periodista especializada en el sector, que el documento destaca que el consumo de madera en el mercado nacional sufrió una caída del 40 por ciento respecto de los picos históricos recientes.
Aunque la flexibilización exportadora permitió colocar cerca de 250.000 m3 adicionales en los mercados internacionales -compensando aproximadamente un 10 por ciento del volumen total de producción-, este alivio operó únicamente como un amortiguador para las compañías con solidez financiera, tecnológica y redes comerciales consolidadas.
«La industria de la construcción (el gran generador de empleo no calificado) no despega y el sector de la madera es uno de los afectados, no pudiendo la exportación paliar la situación», advierte el especialista en su informe mensual.
LA PARADOJA
DEL SECTOR
El balance de los primeros siete meses de 2026 expone un comportamiento asimétrico entre el frente externo y el mercado doméstico. Mientras la demanda interna continúa deprimida por la pérdida del poder adquisitivo y la alta morosidad, los envíos al exterior registraron incrementos significativos.
A pesar de los números positivos en la balanza comercial, la rentabilidad general de la industria ha caído drásticamente debido a los altos costos logísticos, la falta de crédito y el encarecimiento de los insumos.
La lectura de imágenes satelitales sobre las cuencas forestales revela que la actividad de cosecha cayó cerca de un 30 por ciento con respecto al pico registrado en 2022. Este estancamiento provocó que la producción primaria y la primera transformación se concentren progresivamente en menos aserraderos: aquellos con escala suficiente para diluir costos fijos y soportar la presión del flete internacional.
«Desde la industria se siguen marcando subidas y bajas de demanda dentro de una meseta baja. La producción se concentra en menos jugadores. Las empresas más sólidas financiera, tecnológica y comercialmente son las que han nivelado su producción a través de la exportación, pero para todas la rentabilidad se ha resentido severamente. Aparecen nuevos actores no tradicionales, mientras otros deben intensificar envíos al exterior asumiendo costos logísticos límite para mantener a raya los costos fijos y el empleo», advierte el informe de Faima.
EL FMI DICE
Durante la visita a la Argentina de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, el 27 de julio pasado para respaldar el plan económico del Gobierno de Javier Milei, señaló además los desafíos que enfrenta la economía:
- La necesidad de empleo formal.
- Recuperar el consumo.
- Mejorar las condiciones de acceso al crédito para familias y Pymes.
- Ampliar el mercado de capitales.
- Acelerar las inversiones en infraestructura.

