En este mundo globalizado, los países compiten intensamente para atraer y retener capitales capaces de generar empleo, dinamizar industrias y agregar valor a los recursos que nuestra tierra ofrece con generosidad. En la Argentina, contamos con todo lo necesario para lograrlo.
Durante mucho tiempo, una economía nacional debilitada nos obligó a gestionar con recursos escasos y una producción desaprovechada. Hoy, necesitamos un Estado inteligente: ni sobredimensionado, ni ausente, sino eficiente y eficaz. Un Estado con presencia donde los ciudadanos lo requieran, que acompañe al sector privado sin ahogarlo con burocracia ni asfixiarlo con impuestos.
Como representante de Corrientes en el Senado, he participado activamente en el debate y la sanción de iniciativas clave enviadas por el Poder Ejecutivo para corregir ese rumbo. Aprobamos el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (Rigi), enfocado en proyectos superiores a los 200 millones de dólares, el cual ya arroja resultados muy positivos. Actualmente, este régimen registra iniciativas por casi 50 mil millones de dólares en los sectores energético, hidrocarburífero y minero, con una proyección de 100 mil nuevos puestos de trabajo.
Posteriormente, impulsamos el Rimi, integrado en la Ley de Modernización Laboral, que otorga ventajas impositivas a las empresas amparadas por la Ley Pyme para estimular sus inversiones.
En la actualidad, debatimos en comisiones la iniciativa conocida como «Súper Rigi», con media sanción de Diputados, orientada a captar capitales superiores a los 1.000 millones de dólares en rubros tecnológicos e industriales avanzados -como la Inteligencia Artificial o el hidrógeno verde- que aún no tienen una presencia consolidada en el país.
Bienvenidas sean las inversiones, ya sean nacionales, extranjeras o mixtas. No sólo son fundamentales para expandir nuestro Producto Bruto Interno, sino que permiten diversificar la producción y protegernos frente a la volatilidad de una economía global convulsionada.
El contacto permanente con productores, representantes de economías regionales, gobernadores e intendentes nos permitió detectar una necesidad y transformarla en propuesta: ofrecer a la franja productiva intermedia -aquella con capacidad para invertir desde los 12 millones de dólares- un esquema de beneficios que potencie sus capacidades. Así nació el Régimen de Incentivo para Inversiones Relevantes (Riir), pensado para quienes apuestan por sus provincias, generan oportunidades para millones de familias y poseen el potencial exportador si cuentan con las herramientas adecuadas.
Hablamos de un vasto universo empresario que enfrenta el desafío histórico de superar la etapa de producción primaria para transitar, profundizar y expandir el camino de la industrialización.
Cada pallet, cada contenedor o barco que zarpa cargado exclusivamente de granos, madera, limones o maní en bruto representa una oportunidad perdida para desarrollar nuestra agroindustria, generar empleo de calidad y valorizar al máximo nuestros recursos ante el mundo.
Para evitar esto, el Riir invita a las empresas medianas que superan el tramo 2 de la Ley Pyme a dar el salto hacia el crecimiento. El régimen ofrece incentivos concretos, como la amortización acelerada del Impuesto a las Ganancias o la devolución del IVA a los tres meses.
Estos fondos deben destinarse de manera exclusiva a reinversiones productivas: la adquisición o importación de maquinaria nueva, la construcción de naves industriales o la ejecución de obras de infraestructura, excluyendo de plano cualquier destino especulativo.
El piso de 12 millones de dólares contempla excepciones específicas para el sector agropecuario, permitiendo financiar proyectos de menor escala orientados a riego, mallas antigranizo o ganadería. Apoyar al productor es una misión ineludible; cada segmento productivo demanda herramientas específicas que le permitan hacer lo que mejor sabe hacer: producir.
El Riir se suma a este propósito. Ya lo estamos debatiendo en el Congreso con el objetivo de enriquecerlo mediante el aporte de todos aquellos que, superando divisiones inconducentes, comparten la convicción de que la Argentina posee materias primas de excepción y, sobre todo, el talento y la fuerza de su gente para salir adelante.
El autor es Senador nacional por Corrientes.

