La imagen de un soldado israelí quien golpea a mazazos una figura de Jesucristo durante la invasión de tropas de Israel en el Sur del Líbano en abril, generó numerosas condenas, en un caso por el cual hasta el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, declaró en X que estaba «atónito y entristecido» tras enterarse de que «un soldado de las FDI dañó un ícono religioso católico».
Los vecinos de la localidad libanesa de Debel aseguraron que el Crucifijo estaba frente a la casa de una familia en ese lugar que quedó en medio de los combates del Ejército israelí contra la milicia chiita de Hezbolá, grupo calificado terrorista a escala mundial, del cual la Argentina también sufrió los atentados terroristas de su fundamentalismo islámico, según la afirmación de la Justicia local.
El sacerdote Fadi Flaifel, líder de la congregación cristiana de Debel, le dijo a la agencia informativa internacional BBC que rechazaban «totalmente la profanación de la Cruz, nuestro símbolo sagrado, y de todos los símbolos religiosos. Va en contra de la declaración de Derechos Humanos y no refleja civismo», expresó. Aseguró que ya se habían producido actos similares anteriormente.
La ley del Talión (del latín lex talionis) es un principio jurídico de justicia retributiva y su máxima histórica y más famosa expresión es la famosa frase: «Ojo por ojo, diente por diente». Al parecer ese sector del pueblo israelita lo lleva a cumplimiento como venganza de etapas históricas que no amerita mencionarse siquiera; lo cierto es que de ser perseguidos, ese sector minúsculo pero muy dañino se convirtió en perseguidor.

