Lo que durante meses fue un secreto a voces en los pasillos de «la Rosadita» de la vecina Misiones, terminó de confirmarse con una declaración que dejó sin margen a las interpretaciones. «Hugo Passalacqua no forma parte de Encuentro Misionero», dijo Carlos «Kako» Sartori, ministro coordinador y uno de los operadores más influyentes del gobernador. Con esa frase, breve y quirúrgica, se selló una ruptura que pocos se animaban a pronunciar en voz alta, pero que nadie, en el mundillo político misionero, ignoraba.
La crisis entre Hugo Passalacqua y Carlos Rovira entró en un punto de no retorno. No hay puente que cruzar ni gestos de buena voluntad que alcancen. La unidad, según admiten desde el propio entorno gubernamental, es sencillamente imposible. «Salvo que ellos quieran subirse al proyecto reeleccionista de Hugo. Pero lo veo difícil», señaló una fuente de confianza del mandatario.
EL ABRAZO QUE NO CERRÓ
Rovira intentó, hasta último momento, una maniobra clásica en su manual de conducción política: el abrazo del oso. En el armado de su nuevo sello, Encuentro Misionero, incluyó el nombre de Passalacqua como vicepresidente del espacio, junto a otros dos ex mandatarios -Oscar Herrera Ahuad y Maurice Closs-, reservándose para sí la presidencia. Era una forma de absorber al Gobernador en su estructura sin cederle el comando.
Sartori cortó esa maniobra de raíz. Y aunque desde el rovirismo intentaron restarle peso a sus palabras -«está en la segunda línea», dijeron para relativizar su representatividad-, una fuente del Gobierno fue contundente: «Las palabras del Ministro reflejan cien por ciento el pensamiento del Gobernador». El escenario quedó despejado. No hay vuelta.
DOS SELLOS, DOS PROYECTOS
La estrategia de Passalacqua es tan simple como efectiva: correrse del barro de la interna y anclar su figura en la gestión cotidiana. En la práctica, eso significa dejar que sea Rovira quien cargue con la imagen de la ruptura, mientras él acumula capital político en el territorio.
El 19 de mayo pasado, reunió a 67 de los 78 intendentes de Misiones en la localidad de Ruiz de Montoya, donde firmaron un documento respaldando su liderazgo por encima de la jefatura política del caudillo. Es un dato que habla por sí solo.
La contra-ofensiva de Rovira opera desde la Legislatura unicameral, donde conserva una bancada disciplinada con números suficientes para impulsar un plan de gobierno propio.
El problema es que las mayorías legislativas no alcanzan para mover la maquinaria ejecutiva: los resortes del Estado siguen en manos de Passalacqua, quien no pierde tiempo y avanza en medidas concretas: le quitaría a Rovira el control del organismo tributario provincial y eliminaría ministerios que el ex presidente legislativo había colocado bajo su órbita durante más de dos décadas.
Lo que El Libertador vio primero
Semanas antes de que el quiebre se volviera materia de declaraciones públicas y tapa de los grandes medios nacionales, EL LIBERTADOR -desde su plataforma digital www.diarioellibertador.com.ar e impresa- ya había anticipado los contornos de esta fractura.

Las señales estaban ahí para quien supiera leerlas: el frío entre los dos dirigentes que alguna vez construyeron juntos la arquitectura política de Misiones, el movimiento de piezas en el tablero legislativo y la inquietud silenciosa de los intendentes. Este medio las había advertido con anticipación, mientras el resto del campo político todavía buscaba señales de un entendimiento que nunca llegaría.
La confirmación oficial no hizo más que darle razón a esa lectura temprana, una de las características de este medio correntino que hace 28 años marca la diferencia.

