Mes tras mes, el Nordeste argentino aparece entre las regiones con mayor inflación del país. No es una anomalía puntual: es una tendencia que se repite con consistencia y que tiene explicaciones estructurales que van más allá de la coyuntura macroeconómica nacional.
El rubro transporte -de productos- que en abril subió 5,6 por ciento en el NEA frente al 4,4 por ciento nacional, ilustra el problema con claridad.
La región carece de una red ferroviaria operativa que abarate el traslado de mercaderías y personas. La dependencia del transporte automotor (camiones para la carga, colectivos para los pasajeros) hace que cualquier aumento en el precio del gasoil se traslade de manera casi inmediata a los costos de toda la cadena productiva y de consumo.

En una provincia como Corrientes, donde las distancias son grandes y la dispersión poblacional es alta, ese efecto se multiplica.
SIN RECURSO CLAVE

El rubro vivienda, agua, electricidad y gas -que subió 3,3 por ciento en abril en el NEA- refleja otra asimetría estructural: la escasa cobertura de la red de gas natural en el interior profundo obliga a millones de hogares a comprar gas envasado en garrafa, cuyo precio responde a una lógica de mercado con menos regulación que el gas de red. Cada ajuste tarifario energético pega más fuerte en el bolsillo de un hogar de Curuzú Cuatiá o de Eldorado que en uno del Gran Buenos Aires.
Las comunicaciones, con una suba del 4,5 por ciento en el mes, también revelan una brecha: la conectividad en la región sigue siendo más cara y de menor calidad que en los grandes centros urbanos, y las empresas del sector trasladan sus costos de infraestructura a tarifas que ya de por sí son elevadas en relación al ingreso regional.
VARIABLE SUELDOS
A esto se suma un factor que los índices no capturan directamente pero que los comerciantes describen con precisión: el poder adquisitivo del NEA es estructuralmente más bajo que el promedio nacional.

Los salarios del sector privado en la región están entre los más bajos del país, lo que hace que el mismo porcentaje de inflación tenga un impacto proporcionalmente mayor sobre el presupuesto familiar.
El dato de abril no es una sorpresa para quienes conocen esta realidad. Es la confirmación de que la pelea contra la inflación, en el NEA, requiere algo más que un buen número nacional. Requiere políticas específicas para una región que, por su geografía, su infraestructura y su estructura productiva, siempre termina pagando un poco más.

