El Gobierno de Javier Milei atraviesa, quizás, su test de estrés más agudo en términos de integridad institucional. Mientras el Presidente cumple su decimosexto viaje a los Estados Unidos, la Capital Federal se ha convertido en un hervidero de reproches cruzados que ya no sólo provienen de la oposición, sino que brotan desde el riñón del propio esquema oficialista.
El eje del conflicto es Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, cuya situación patrimonial ha dejado de ser un murmullo de pasillo para transformarse en una crisis de narrativa que amenaza con «empantanar» -en palabras de sus propios aliados- la marcha de la administración.
EL ULTIMÁTUM DE “PATO”
La senadora nacional y referente del gobierno libertario en el Congreso, Patricia Bullrich rompió el silencio con una contundencia que sacudió las estructuras de la Casa Rosada. En declaraciones televisivas, la referente de La Libertad Avanza no anduvo con rodeos: le exigió a Adorni la presentación «de inmediato» de su declaración jurada de bienes.
Para Bullrich, la demora no es una cuestión administrativa, sino un suicidio político. «¿Para qué vas a esperar si la podés presentar ahora?», disparó la senadora, sugiriendo que la sospecha sobre el origen de los fondos para la compra de propiedades y viajes de lujo está consumiendo el capital político del Gobierno. Su advertencia fue clara: si Adorni no puede demostrar el origen de sus fondos, el Gobierno se arriesga a quedar atrapado en el lodo de la «vieja política» que tanto juraron combatir.
El búnker de Milei: lealtad y furia en las redes
A miles de kilómetros, en Los Ángeles, la respuesta de Javier Milei fue diametralmente opuesta. Fiel a su estilo, el Presidente utilizó su cuenta de X para blindar a su jefe de ministros. No sólo descartó cualquier cambio en el Gabinete -calificando de «pelotudez atómica» los rumores que ubicaban a Juan Pazo en Cancillería o a Pablo Quirno como sucesor de Adorni-, sino que redobló su guerra contra la prensa.
Milei ha decidido que la mejor defensa es el ataque. Al tildar a los periodistas de «basuras inmundas», el mandatario intenta desplazar el foco de la investigación judicial hacia una supuesta conspiración mediática. Sin embargo, el respaldo no logra disipar las sombras que proyecta Comodoro Py, donde los testimonios empiezan a sumar ceros que la retórica oficial no puede explicar.
El peso de los billetes en Comodoro Py
La variable que terminó de dinamitar la paz en la Casa Rosada no fue un titular periodístico, sino un testimonio judicial. Matías Tabar, el coordinador de las reformas en la casa de Adorni en el exclusivo Golf Club Indio Cua, declaró ante la justicia que el jefe de Gabinete le abonó la suma de US$245.000 en efectivo sólo por los arreglos de la propiedad.
Este dato es el que desvela a los estrategas del oficialismo: en un gobierno que pregona la transparencia y la lucha contra la casta, el manejo de volúmenes tan altos de moneda extranjera en efectivo resulta, cuanto menos, difícil de digerir para una opinión pública que atraviesa un severo ajuste económico. La declaración jurada que reclama Bullrich es, en última instancia, el único dique de contención frente a una marea judicial que recién comienza.
¿Logrará la narrativa de la «persecución» imponerse sobre la contundencia de los números, o estamos ante la primera gran baja de peso del esquema de Milei? Por ahora, el Presidente ha elegido el camino de la resistencia, pero el «empantanamiento» que vaticina Bullrich parece estar a la vuelta de la esquina.

