Cada año, Goya es el escenario de la Fiesta Nacional del Surubí, pero desde hace años hay una expresión que se repite entre los participantes, que aparece en redes sociales y que resume la magnitud del evento: se le llama simplemente «el Mundial de Pesca» y detrás de esta denominación hay una historia personal y un entusiasmo que se convirtió en identidad.
EL ORIGEN
El responsable de ese nombre es el chaqueño Carlos Solís, reconocido periodista de pesca oriundo de Resistencia y, sobre todo, un apasionado él mismo de la pesca, que se convirtió en figura habitual de las competencias goyanas.
En declaraciones brindadas a una emisora local, radio Ciudad, Solís comentó ser el creador de esa etiqueta que hoy todos usan. «Vine por primera vez en 2012 y ya al año siguiente me entusiasmé tanto con lo que veía, que decidí usar el hashtag #MundialDePesca en mis publicaciones. Para mí, este evento ya tenía esa dimensión, y con el tiempo, la denominación se fue extendiendo hasta quedarse», explicó.
Desde entonces, la frase no solo se usó en redes: pasó al lenguaje cotidiano de los pescadores y terminó siendo sinónimo de la fiesta misma. Un hito que, según cuenta Solís, tuvo su primer pronóstico de crecimiento en 2015, cuando un compañero de pesca paraguayo dijo: «Esto no tiene techo, un día vamos a ver más de 1.500 embarcaciones». Hoy, esa cifra se menciona como un límite logístico, no como una meta imposible, describe la información que difundió la Oficina de Prensa de la Municipalidad de Goya.
ENTUSIASMO
El periodista y entusiasta pescador, Carlos Solís, que en su Facebook difunde esta fiesta y otras actividades del deporte del silencio, representa a la barra Dorado Rabioso, un grupo que este año reunió a unas 30 embarcaciones, con participantes de varias provincias, Salta, Tucumán, Buenos Aires, y cinco lanchas que viajaron expresamente desde Asunción, capital del Paraguay.
«Es un orgullo poder juntar a tanta gente de lugares tan distintos. Estoy convencido de que si se liberara el cupo de inscripción, superaríamos sin problemas las 1.500 embarcaciones», aseguró el chaqueño, sintiéndose parte del mega evento goyano. Lo que detiene el crecimiento, considera, son cuestiones prácticas, como el espacio disponible, las zonas de pesca habilitadas y la capacidad de albergar a miles de personas en la cena Clausura. Como referencia, recordó que el año pasado se completaron las 1.300 inscripciones en solo 15 días.
Pero más allá de las cifras o los desafíos logísticos, lo que Solís resalta es el vínculo humano que genera estas jornadas compartidas. Para los participantes habituales, el precio del alojamiento o de la carnada es lo de menos; ni siquiera se fijan en quién actuará en los espectáculos de apertura. Lo que esperan con verdadera ansiedad es el primer día de competencia y sobre todo, el encuentro con otros pescadores. «Hay gente que solo veo aquí, en Goya. Son compañeros de pasión a los que no encuentro en ningún otro lugar del país ni del vecino país», relató. Para él, esa es la verdadera esencia del «Mundial de Pesca»: mucho más que una competencia, es el punto de reunión de una comunidad que comparte amor por el río y por este evento que, gracias a una frase lanzada hace ya varios muchos años, lleva con orgullo.

