El sonido de los cascos sobre el asfalto y el flamear de las banderas tacuara anunciaron, una vez más, que la fe en Corrientes no sabe de cansancios. Bajo la sombra de la monumental Basílica, la localidad de Itatí se convirtió este miércoles en el epicentro de una manifestación que trasciende lo religioso para hundirse en las raíces mismas del ser correntino. Se celebraban 108 años desde que la «Tierna Madre» fue proclamada Patrona y Protectora de la Provincia, pero en el aire se respiraba algo mucho más antiguo: la lealtad de un pueblo a su historia.
El gobernador, Juan Pablo Valdés se sumó a la multitud para recibir a los jinetes y caminantes de la 126ª Peregrinación de los Tres Pueblos. Los rostros curtidos por el sol de los peregrinos de Santa Ana, Paso de la Patria y San Cosme fueron el testimonio vivo de una tradición que se hereda como el apellido.
Al participar de la misa central, el mandatario provincial dejó una definición que resonó con fuerza entre los bancos de la Basílica: «En estos tiempos de modernidad, donde todo parece efímero, lo más importante es no perder nuestra identidad».
Para Valdés, estas celebraciones no son solo actos litúrgicos, sino el cimiento sobre el cual se construye la sociedad correntina. La fe, en este contexto, actúa como un «cohesionador» que permite a la provincia mantener su fisonomía cultural frente a los cambios globales. La jornada cerró con una procesión que inundó las calles del pueblo, confirmando que la devoción por la Virgen sigue siendo el faro que guía el rumbo de la provincia.
