El Papa León XIV recibió en audiencia privada el pasado 13 de marzo a monseñor Karel Orlita y al padre Francesco Bamonte, presidente y vicepresidente de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), respectivamente, para analizar la situación actual de una labor que se enfrenta a desafíos sin precedentes.
Durante la media hora de reunión en el Palacio Apostólico del Vaticano, los representantes de la AIE entregaron al Santo Padre un informe detallado que pone el foco en una realidad preocupante.
En el informe advirtieron de la «dolorosa y cada vez más extendida situación de personas gravemente afectadas por la acción extraordinaria del demonio como consecuencia de su pertenencia a sectas ocultistas», según explicaron en un comunicado posterior al encuentro.
Por eso, la principal petición que los exorcistas pusieron sobre la mesa del Pontífice fue de carácter estructural y formativo. Ante el «gran sufrimiento que conlleva la acción extraordinaria del demonio para quienes la padecen», la AIE subrayó la «necesidad de que en cada diócesis del mundo haya uno o más sacerdotes exorcistas» debidamente preparados.
Para lograr este objetivo, la AIE propone un cambio en la formación de la jerarquía y el clero: que en los seminarios se imparta formación sobre la «existencia real y la naturaleza del mundo demoníaco» a la luz del Evangelio; que los nuevos obispos reciban un «breve curso de pastoral exorcística» durante su formación inicial, para que sepan cómo gestionar este ministerio en sus diócesis; y la obligatoriedad de que los nuevos exorcistas cuenten con una formación previa adecuada, tal como recomienda el ritual oficial.
FIELES «SIN DEFENSA
FRENTE A ATAQUES
ESPIRITUALES GRAVES»
En conversación con ACI Prensa, el padre Bamonte aseguró que si se ignora la acción extraordinaria del demonio se «deja a los fieles sin defensa frente a ataques espirituales graves, provocando sufrimientos prolongados o llevándolos a recurrir a soluciones inapropiadas».
«La difusión del ocultismo, en sus diversas formas, y del satanismo, abre, por desgracia, puertas y ventanas a la acción extraordinaria del diablo en el mundo actual. Esto puede causar graves sufrimientos en quienes recurren imprudentemente a estas prácticas, a través de posibles casos de posesión, vejación, obsesión o infestación diabólica», explicó.
En este sentido, consideró que es «razonable» pensar que se ha producido un aumento de los casos relacionados con prácticas ocultistas. «El aumento de prácticas esotéricas y mágicas en las últimas décadas han favorecido una mayor presencia de este tipo de problemáticas en la sociedad» expone.
AUMENTO DEL PECADO Y LA EXPANSIÓN
DEL ESOTERISMO Y
EL OCULTISMO
Según la AIE, «esto estaría relacionado con el alejamiento de muchas personas de Dios, el aumento del pecado y la expansión del esoterismo y el ocultismo».
Por ello, el sacerdote Bamonte expone que la presencia de sacerdotes que han recibido una licencia específica para realizar exorcismos permite que la Iglesia «cuente con exorcistas que, obedeciendo el mandato de Jesús de expulsar a los demonios, continúan su obra de misericordia y ayudan a liberar a quienes sufren por la acción extraordinaria del maligno».
«La Iglesia, como familia de Dios, tiene la tarea de cuidar de sus miembros en todas sus necesidades, incluso en las más extremas a nivel espiritual; el sacerdote exorcista es un pastor que ofrece esta ayuda», asegura.
LA AUSENCIA DE
EXORCISTAS, «UN
PERJUICIO» PARA
LOS FIELES
De este modo, plantea que «la ausencia de sacerdotes exorcistas en una diócesis constituye un perjuicio», ya que «deja a los fieles sin una ayuda sacramental específica y dificulta su liberación espiritual, debilitando además la capacidad de la Iglesia de ser verdaderamente ‘familia de Dios'», asevera.
En este sentido, para el padre Bamonte es de crucial importancia introducir esta formación en los seminarios. «El futuro sacerdote debe estar preparado para afrontar las situaciones pastorales reales que encontrará en su ministerio. Entre ellas, el creciente número de fieles que solicitan la intervención de exorcistas», señala.
Esto exige, a su juicio, que obispos y sacerdotes «adquieran criterios de discernimiento para evaluar si ciertos fenómenos requieren la intervención de un exorcista». «Es conveniente que esta formación se imparta ya en el seminario, de modo que los sacerdotes estén preparados desde el inicio de su ministerio», añade.
Uno de los principales objetivos recientes de la AIE ha sido la elaboración de un texto que ofrezca orientaciones seguras, tanto doctrinales como prácticas, para este ministerio.
Este documento, revisado por diversos dicasterios vaticanos, fue publicado con el título Líneas guía para el ministerio del exorcismo, el manual de referencia para los pastores en esta materia, que fue entregado al Papa durante la audiencia en el Vaticano, junto a una imagen de San Miguel Arcángel del santuario de Monte Sant’Angelo.
Otro detalle marcó la audiencia con la Asociación. El Papa confesó a los presentes que «había conocido y apreciado en el pasado» al padre Gabriele Amorth, el sacerdote que fundó la Asociación Internacional de Exorcistas en 1994.
Un sencillo gesto de cercanía que reafirmó la plena fidelidad de los exorcistas al Magisterio y al Papa.
Por Victoria Cardiel,
publicado en ACI prensa.

