El Cineclú nació en 2021 como una respuesta a una inquietud compartida: la falta de espacios donde el cine pueda vivirse desde otra lógica, más cercana y diversa. Impulsado por un grupo de amigos apasionados por el cine, el ciclo se propuso crear una sala alternativa donde la experiencia no esté limitada únicamente a los grandes circuitos de exhibición, sino que pueda abrirse a nuevas miradas.
«Siempre estuvo la idea de hacer un cine chiquito en Corrientes. Nos gusta mucho ver películas y sentíamos que hacía falta un espacio donde la gente pueda encontrarse con otras propuestas y donde el cine siga siendo una experiencia accesible», explicaron sus organizadores.
Buscando complementarse entre las ideas de sus creadores y el ecosistema cinematográfico local, logran acercar distintos géneros del cine. Mientras los espacios tradicionales cumplen un rol central en la exhibición de estrenos y producciones de gran escala (también llamados «mainstream»), el Cineclú permite explorar otros recorridos posibles, con una programación que prioriza el cine nacional, regional y producciones independientes.
La curaduría
como identidad
Uno de los pilares del Cineclú es su criterio de selección. Cada mes, el equipo organiza la programación en función de una línea conceptual que dialogue con el contexto social, político o cultural.
«En todo momento pensamos qué queremos transmitir, qué películas pueden aportar algo al espectador y qué dialoga con el momento que estamos viviendo», señalaron. En ese sentido, fechas como marzo, atravesadas por el eje de Memoria, Verdad y Justicia, orientan la selección hacia obras que reflexionan sobre la historia reciente y las identidades latinoamericanas.
El objetivo es ampliar la mirada del público, acercando películas que muchas veces no llegan a las pantallas más grandes, incluyendo cortometrajes, documentales y cine regional.
El cine como
experiencia
accesible
Otro de los ejes fundamentales es recuperar el carácter popular del cine. Para los organizadores, sostener un precio accesible es parte de una decisión política y cultural: permitir que más personas puedan acercarse a la experiencia cinematográfica.
«La idea es que el cine no sea un lujo, que cualquiera pueda venir, sentarse y disfrutar de una película. Que vuelva a ser algo cotidiano, un espacio de encuentro», explicaron.
En ese sentido, el Cineclú también devuelve al espectador un rol central. No como consumidor pasivo, sino como parte activa de una experiencia colectiva que se construye en cada función.
Construir
comunidad
desde la pantalla
Más allá de las películas, el Cineclú se consolidó como un espacio de pertenencia. Sus organizadores lo definen como un proyecto colectivo que busca generar vínculos y fortalecer la escena cultural local.
«Para nosotros, sostener el cine club es sostener una comunidad. Es crear un lugar donde el cine sea protagonista, donde la gente pueda encontrarse y compartir», afirmaron.
En un contexto donde el consumo audiovisual se volvió cada vez más individual, el Cineclú apuesta a recuperar el ritual de la sala oscura, el silencio compartido y la conversación posterior. Un grito de reafirmación, que el cine sigue siendo, ante todo, una experiencia colectiva.

