Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
Hoy en día resulta difícil imaginar que en el suelo correntino alguna vez se plantaron vides y que llegó a producirse vino. Podría sonar un poco difícil de creer, pero siglos atrás ya los jesuitas habían dedicado a su elaboración, aunque solo fuera para consumo litúrgico. Sin embargo, fue el destacado médico y naturalista francés, Amado Bonpland, uno de los grandes impulsores de la producción vitivinícola en la provincia. Este proyecto fue una de las actividades principales a las que le dedicó sus últimos años de vida y, pese a que no llegó a concretarse como él lo esperaba, su entusiasmo quedó registrado en una de las tantas cartas con las que se comunicaba con el entonces gobernador, Juan Pujol.
Fue a principios de marzo de 1855, poco después de su nombramiento como Director del Museo de la Provincia de Corrientes, cuando le escribió a Pujol sobre su idea sobre la plantación de viñedos para la posterior producción de vinos. La correspondencia entre el ilustre y el gobernador era publicada con asiduidad por el periódico El Comercio, que se editaba en la Capital correntina y salía a las calles dos veces por semana.
En la nota titulada Cultivo de la viña, publicada el 1 de marzo de ese año, dieron cuenta de la propuesta del gran interés del naturalista. «Por los últimos progresos que se han hecho en la cultura de la viña, todo me hace esperar que podremos conseguir vino al tercer año de la plantación. Espero que nuestro primer ensayo nos dará vino tinto, vino blanco y el precioso vino de Champagne…», le manifestaba a Pujol, según la transcripción del periódico.
Pero el texto no quedaba allí, sino que reproducía también el entusiasmo de llevar adelante esta producción: «Me lisonjeo que saldremos bien, y el país bajo su sabio gobierno tendrá un nuevo ramo de agricultura útil». En esa oportunidad, el periódico agregaba: «La reputación de Mr Bonpland es una garantía positiva y eficaz de la verdad que emite. El cultivo de la viña bajo su inteligente dirección va a ser un ramo de comercio lucrativo y utilísimo para la provincia».
INCONCLUSO
Bonpland falleció tres años después, el 11 de mayo de 1858 y no llegó a ver los avances de sus trabajos sobre la vitivinicultura. En los escasos estudios sobre este trabajo y otros orientados al mismo fin, se señala que la principal complicación era el hecho de lograr la adaptación de las distintas cepas de la planta de vid al clima subtropical de la región. Posteriormente hubo nuevos intentos, pero la esta dificultad técnica persistente derivó en que se desista en la idea de que Corrientes tuviera viñedos alguna vez.
Sin embargo, aunque esta idea del gran francés no pudo llegar a concretarse, su legado para la provincia es inmenso. Y su amor por Corrientes llegó al punto de que, aun cuando tenía insistentes pedidos de volver a los lujos de su país natal, decidió quedarse. Una nota publicada por la BBC, reproduce su respuesta a este pedido: «Habituado a vivir al aire libre, a la sombra de los árboles seculares de América, a oír el canto de los pájaros que suspenden sus nidos sobre mi cabeza, a sentarme viendo correr a mis pies las puras aguas de un arroyo; ¿Qué encontraría yo en el barrio más aristocrático y brillante de París? Perdería lo que yo más quiero, (…), mis plantas que hacen mi alegría y mi vida. No, no, es aquí donde debo vivir y morir».

