Superaron los 70 mil tickets vendidos tras contabilizar ingresos totales durante el cierre en el anfiteatro Cocomarola, logrando cifras inéditas.
La 35ª Fiesta Nacional del Chamamé concluyó este domingo en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola con un balance que superó todas las expectativas previas. La organización confirmó que se superó una cifra récord de más de 70.000 entradas vendidas para las diez jornadas. Como ocurrió en la mayoría de las noches, la última también vio sus localidades agotadas ante una concurrencia masiva que desbordó el predio.
Bajo el lema: Chamamé, refugio de nuestra identidad, la celebración se ratificó como el evento cultural más importante de la región. El éxito de esta edición se atribuye a una programación que equilibró figuras consagradas con nuevos talentos, atrayendo a un público diverso. La masiva afluencia de turistas nacionales e internacionales marcó un hito en la gestión cultural de la provincia, consolidando al festival como una referencia mundial.

La presidenta del Instituto de Cultura, Lourdes Sánchez destacó el impacto institucional y popular que tuvo el festival bajo su reciente gestión. «Esta es una fiesta histórica en muchos sentidos, tanto por la calidad artística como por la respuesta de la gente», expresó la funcionaria durante el balance de cierre. Sánchez subrayó que el acompañamiento del público fue fundamental para sostener el brillo de cada una de las lunas en el escenario mayor.
La última jornada contó con actuaciones estelares que sellaron el éxito de la convocatoria, destacándose la participación de Los Alonsitos junto al Chaqueño Palavecino. La efervescencia en las gradas y el constante sapucay marcaron el pulso de una noche donde no quedó un solo espacio vacío en el anfiteatro. Esta respuesta valida la apuesta por una grilla artística potente que supo conectar con el sentimiento y la tradición del pueblo correntino.
«Estamos sumamente felices y ya pensando en lo que será el año que viene», manifestó Sánchez al concluir la transmisión oficial del evento. El balance arroja no solo cifras de concurrencia inusuales, sino también un movimiento económico vital para los sectores gastronómicos y hoteleros de la ciudad. Con el apagado de las luces del Cocomarola, se cierra una página dorada que eleva la vara para las futuras ediciones de la «Fiesta Grande».
Esta edición quedará en la memoria por haber recuperado niveles de asistencia que no se registraban en la última década en la Capital correntina. La integración de servicios y la fluidez en los ingresos fueron claves para gestionar una multitud que, noche tras noche, colmó las instalaciones. El chamamé demostró una vez más su vigencia como el latido inconfundible de una provincia que, tras este récord, ya sueña con su próximo encuentro.

