Los dichos del músico Bocha Sheridan tras su presentación en el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola generaron repercusiones y reavivaron el debate sobre la identidad musical de la Fiesta Nacional del Chamamé. El referente del género fue contundente al expresar su desacuerdo con la inclusión de otros ritmos en el escenario mayor del festival.
“Esta es la Fiesta del Chamamé”, sostuvo Sheridan, al cuestionar la presencia de expresiones musicales ajenas al género que da nombre y sentido histórico al evento. En ese marco, aclaró que su planteo no apunta contra los artistas invitados, sino contra las decisiones de programación. “No tiene la culpa el grupo que viene, sino que alguien lo contrató para que esté”, expresó. También apeló al respeto por las identidades culturales y señaló que, si fuera invitado a un festival de chacarera, interpretaría ese género o pediría permiso. “No sé si pidieron permiso”, afirmó.
Consultada por EL LIBERTADOR sobre el espacio que se le da al chamamé y a otros géneros, La Pilarcita remarcó la importancia de preservar la tradición. “Mientras hagan chamamé, respeten lo nuestro y lo hagan con orgullo y respeto, está bien. Nuestros pioneros hicieron tantas cosas por lo nuestro. Hace 18 años sostengo mantener nuestra tradición, nuestra costumbre, nuestra identidad y nuestra fiesta”, señaló. Y agregó: “Mientras a la gente le guste, baile y zapatee, ya está”.
En tanto, el gobernador Juan Pablo Valdés fue consultado sobre los dichos de Sheridan y expresó: “Me parece muy bien que el Bocha opine, es una voz más que autorizada. Todas las opiniones son válidas”, remarcando la importancia de escuchar las distintas miradas dentro del ámbito cultural.
Por su parte, Ariel Báez aportó su experiencia desde el recorrido del grupo en distintos festivales del país y del exterior. “Nosotros con Los Alonsitos hemos estado en el Festival de la Chacarera, en el Festival de la Samba Carpera, en el Festival de la Tonada en Mendoza y en festivales de Chile. Nunca nos pidieron que toquemos esos géneros, nosotros vamos y tocamos chamamé porque es lo que hacemos”, explicó.
Báez también destacó el desafío artístico de invitar a músicos de otros estilos a interpretar chamamé. “Nos divierte asumir el desafío de hacer cantar a personas de otros géneros nuestra música. En cada recital con invitados disfrutamos de hacer puro chamamé, pero para mí no es condicionante ni obligatorio. Es una cuestión de sentirlo y vivirlo”, sostuvo.
El debate volvió así a instalar una discusión recurrente en la máxima celebración de la música del Litoral: cómo equilibrar tradición e innovación sin perder la esencia que identifica al chamamé.

