El Obispo de la Diócesis de Goya en la Misa del 8 de enero reflexionó sobre el misterio central de la fe cristiana y les recordó que Dios tomó la iniciativa por amor: «Por amor vino, por amor murió, resucitó y nos liberó del pecado». Subrayó que lo que «el Señor espera» de cada persona es el amor pleno, «con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Con todo el caracú, con todo nuestro ser», dijo.
Como se indicó en la edición de ayer, al amanecer del jueves 8 de enero, día del aniversario de la muerte de Antonio Gil, el obispo de la Diócesis de Goya, monseñor Adolfo Canecín, presidió la Misa en Mercedes y animó a jinetes y fieles a vivir la fe en Jesucristo desde el amor al prójimo, la Cruz y las obras de misericordia. «Lleven la Fe al corazón y a la vida diaria», les instó.
La Misa se celebró en el corsódromo mercedeño, un amplio espacio público elegido para facilitar la participación de los jinetes y peregrinos que se prepararon para partir hacia el predio de la Cruz Gil a la vera de la Ruta Nacional 123.


La celebración ecuarística se desarrolló en un clima de profunda devoción popular y concluyó con la bendición a los peregrinos y jinetes que iniciaron su marcha portando la Cruz de las Catacumbas. Posteriormente, el Obispo rezó un responso en el cementerio local y, más tarde, impartió la bendición a los fieles que llegaron caminando en peregrinación al lugar del memorial a la vera de la ruta.


La Misa fue concelebrada por el sacerdote Adolfo Gutiérrez, párroco de Nuestra Señora de las Mercedes, junto a los sacerdotes Luis Alberto Adis y Ramón Espinoza. El Obispo también estuvo acompañado por los seis seminaristas diocesanos que se forman en el Seminario Interdiocesano La Encarnación, en Resistencia, Chaco.
Durante la homilía, monseñor Canecín reflexionó sobre el misterio central de la Fe cristiana y recordó que Dios tomó la iniciativa por amor: «Por amor vino, por amor murió, resucitó y nos liberó del pecado». En ese marco, subrayó que lo que «el Señor espera de cada persona es el amor pleno, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu ¡Con todo el caracú, con todo nuestro ser!», enfatizó.

Insistió en que no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos y afirmó que la Cruz resume el mensaje de toda la Sagrada Escritura, al ser signo de la iniciativa de Dios y de la respuesta que espera del ser humano. Dirigiéndose especialmente a los devotos y peregrinos de la Cruz Gil, los animó a llevar la Fe al corazón y a la vida concreta, evocando el canto popular: «Al pecho llevo una Cruz y en mi corazón lo que dice Jesús».
En sintonía con el magisterio del Papa Francisco, invitó a rezar y meditar las Bienaventuranzas como camino de verdadera felicidad, y recordó el pasaje del Evangelio según San Mateo en el capítulo 25, en el que «el Señor juzga según las obras de misericordia».


«Ñande Yara, nuestro Dios, tiene buena memoria: tuvo hambre y le diste de comer, estuvo sediento y le diste de beber; lo que hiciste al pobre, a mí me lo hiciste», expresó, apelando a la lengua guaraní para acercarse al sentir del pueblo.
Finalmente, monseñor Canecín alentó a los fieles a asumir como lema de vida cristiana la frase que sintetiza su Carta Pastoral de este año: «Al pecho llevo una Cruz y en mi corazón lo que dice Jesús» y elevó una oración pidiendo «que el Señor lleve a la gloria de la resurrección a todos aquellos que fueron redimidos en el madero sagrado de la Cruz».

