La política argentina suele ignorar las señales de humo hasta que el incendio le quema los pies. Esta vez, el humo sale de los caños de escape de una flota de colectivos que, según la Federación Argentina de Transportadores por Automotor de Pasajeros (Fatap), está a punto de dejar de rugir. Así lo dejaron en claro días atrás a través de un comunicado institucional.
Gustavo Ingaramo, titular de la cámara, fue lapidario: si no hay un milagro financiero o un repentino ataque de federalismo en los despachos nacionales, la semana que viene gran parte de la Argentina se moverá a pie, graficó su sentencia.
NÚMEROS EN ROJO
La ecuación es matemática y cruel. Las empresas acaban de firmar una paritaria -un compromiso de paz social que hoy parece un salto al vacío-, pero no tienen con qué llenar las billeteras de sus trabajadores. «Es imposible», expresó Ingaramo con la impotencia de quien ya no tiene más cartas que mostrar.
El diagnóstico combina una caída del 30 por ciento en la cantidad de pasajeros (un síntoma inequívoco del parate económico) con una deuda del Estado central que roza los 30.000 millones de pesos sólo en conceptos de Sube.
Lo que más irrita en el seno de la Fatap no es sólo la asfixia financiera, sino el «desierto de interlocutores». Según el dirigente santafesino, en Nación «no nos dan ni cinco de pelotas».
CADUCO

Mientras el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba) -acusan los empresarios- continúa siendo el refugio del presupuesto nacional (allí donde, según el sarcasmo empresarial, residen los votos que cuentan), el Interior profundo mastica el polvo de la discriminación tarifaria.
El sistema, tal como se conoce, ha entrado en una fase de degradación irreversible. Con un 15 por ciento de pasajes gratuitos por ley y combustibles al alza, subir la tarifa ya no es la solución, sino un veneno: «Si aumentamos, expulsamos al usuario», admiten desde la cámara. El transporte, el servicio más popular y barato del país, se ha convertido en un lujo que ni el Estado quiere pagar, ni el empresario puede sostener, ni el ciudadano puede costear.
El contexto de una crisis anunciada (1998-2026)

Para entender por qué el transporte llegó a este punto de ebullición en abril de 2026, es necesario desglosar tres frentes críticos que han configurado esta tormenta perfecta:
- El sistema nacional en cuestión: desde el giro drástico en la política de subsidios iniciado en 2024, el sistema de transporte urbano de la Argentina pasó de un modelo de «asistencia total» a uno de «desregulación y orfandad». La eliminación del Fondo Compensador del Interior marcó un antes y un después. El Estado nacional buscó que las provincias y municipios se hicieran cargo de sus propios sistemas, pero sin una redistribución de la Coparticipación que acompañara la carga. El resultado es un país fragmentado con boletos que en el Interior triplican el valor de la Capital Federal.
- El calvario correntino: en la Provincia de Corrientes, la situación es un espejo de la crisis federal, pero con matices propios de una economía regional golpeada. En los últimos dos años, el sistema de transporte en la Capital provincial ha vivido bajo un estado de emergencia permanente. Los aumentos de tarifa, que antes eran debates anuales, se convirtieron en un ejercicio trimestral que no logra cubrir la brecha de costos. La flota se ha envejecido y la frecuencia ha caído, dejando a miles de trabajadores y estudiantes correntinos cautivos de un sistema que promete colapsar mes a mes.
- Modelo Fatap vs modelo Amba: la histórica asimetría entre Buenos Aires y las provincias se ha radicalizado. En 2026, el 80 por ciento de los subsidios remanentes quedan atrapados en el «cinturón de plata» porteño, mientras que ciudades como Corrientes, Rosario, Córdoba o Santa Fe deben lidiar con una estructura de costos similar, pero sin el mismo respaldo político. La advertencia empresaria sobre el impago de sueldos no es una amenaza gremial, es el acta de defunción de un sistema que, sin un nuevo pacto federal de transporte, está destinado a desaparecer tal como se conoció durante el prólogo del modelo kirchnerista.

