La Argentina cuenta con condiciones naturales que la ubican entre los países con mayor potencial forestal del mundo. No obstante, esa ventaja aún no se traduce en un desarrollo industrial capaz de generar mayor valor agregado y aumentar las exportaciones. Esa fue una de las principales conclusiones del ingeniero agrónomo Daniel Maradei durante un seminario organizado por el Centro Argentino de Ingenieros (CAI).
El especialista explicó que el Nordeste argentino (NEA), integrado por Corrientes y Misiones, alcanza rendimientos de hasta 46 metros cúbicos por hectárea al año, la cifra más alta a nivel mundial. Gracias a las condiciones climáticas, la disponibilidad de agua y el mejoramiento genético, un pino o un eucalipto pueden llegar a tamaño comercial en apenas 12 o 15 años, muy por debajo de los tiempos que demandan los países europeos.
CORRIENTES,
EN PRIMER LUGAR
El informe destaca que Corrientes concentra 492.139 hectáreas de bosques implantados, la mayor superficie del país, seguida por Misiones y Entre Ríos. Esta posición convierte a la provincia en uno de los principales destinos para futuras inversiones vinculadas a la forestoindustria.
Sin embargo, Maradei sostuvo que la capacidad industrial no acompaña ese crecimiento. Mientras otros países de la región transforman la madera en productos de mayor valor agregado, la Argentina continúa exportando principalmente materia prima y productos con escaso procesamiento.
Como ejemplo, señaló que Uruguay, con una superficie forestada menor, obtiene ingresos por exportaciones muy superiores gracias a la instalación de grandes plantas de celulosa. Brasil y Chile también lograron consolidar una industria forestal de mayor escala, orientada a la producción de papel, paneles y madera elaborada.
LOS DESAFÍOS
DEL SECTOR
Entre los principales problemas que limitan el desarrollo del sector, el especialista mencionó la falta de financiamiento para nuevas inversiones, los altos costos logísticos, la informalidad laboral, las demoras en la aplicación de los beneficios previstos por la Ley de Inversiones Forestales y la necesidad de contar con reglas estables que brinden previsibilidad al mercado.
Maradei concluyó que la Argentina dispone de una base forestal suficiente para impulsar una expansión industrial que permita generar empleo, incrementar las exportaciones y producir bienes con mayor valor agregado, aprovechando una ventaja competitiva que hoy sigue subutilizada.

