Tras las intensas precipitaciones de diciembre que pusieron en jaque al noreste argentino, la localidad correntina de San Luis del Palmar comienza a experimentar algo de alivio: el agua comenzó a retroceder. Sin embargo, lo que para el ojo desprevenido parece el fin del problema, para las autoridades y las familias afectadas es el inicio de la etapa más crítica y desgastante.
A pesar del descenso en los niveles, el panorama sigue siendo complejo. La cifra de evacuados se mantiene estática, con cerca de 500 personas distribuidas en 13 centros de asistencia, a la espera de que sus hogares vuelvan a ser habitables.

El Riachuelo da tregua, pero la logística se mantiene
Cinthia Silva, titular de Defensa Civil local, confirmó en diálogo con Radio Sudamericana que, si bien el escurrimiento es dinámico, el regreso a los hogares no es inmediato. El desborde del Riachuelo, motorizado por las lluvias extraordinarias del mes pasado, dejó consecuencias que requieren abordaje técnico antes de autorizar el retorno de los vecinos.
Actualmente, el operativo de emergencia se divide en tres ejes fundamentales:
- Asistencia alimentaria: se garantiza el almuerzo, desayuno y merienda para el medio millar de personas alojadas en los centros habilitados.
- Controles sanitarios: con el respaldo del Gobierno provincial, equipos de salud realizan chequeos constantes para prevenir brotes de enfermedades vinculadas al estancamiento de agua.
- Sondeo de daños: personal municipal recorre las zonas que van quedando en seco para evaluar la integridad estructural de las viviendas y los daños en infraestructura.

El peligro oculto: las «alimañas»
La funcionaria Silva fue enfática al señalar que «el agua baja rápido», pero advirtió que el post-inundación es un terreno minado. Una vez que el agua se retira, queda el barro y comienza la fase de desinfección profunda.
«Después de que termine de escurrir, debemos encarar tareas de limpieza y control, especialmente de alimañas», explicó Silva.

El desplazamiento de fauna silvestre (yacarés, serpientes, arácnidos y roedores) a la zonas afectadas es un comportamiento natural tras el desborde de cauces hídricos, lo que representa un riesgo sanitario directo para los habitantes que intentan recuperar sus pertenencias.
Perspectiva meteorológica
Aunque la tendencia de descenso se mantiene, el sistema de Defensa Civil permanece en alerta. La saturación de los suelos en la cuenca del Riachuelo implica que cualquier nueva precipitación, por mínima que sea, podría ralentizar el drenaje natural hacia el río Paraná. Por ahora, San Luis del Palmar respira con cautela, priorizando la salud y la seguridad de quienes lo han perdido casi todo.

