Florencia Falcione se formó como licenciada en Nutrición, luego dedicó su tiempo a la investigación. Actualmente abrió Matcha, su propio almacén saludable. Allí vende productos además de enseñar a elegirlos. En diálogo con EL LIBERTADOR detalló cómo se puede hacer para distinguir entre moda y salud en tiempos de sobreinformación.
En la era de TikTok y los consejos virales de 15 segundos, pararse frente a una góndola puede ser abrumador. Bajo la premisa de devolverle la ciencia a la alimentación cotidiana nació Matcha, un espacio en la ciudad que propone una experiencia distinta: hacer las compras guiadas por un profesional. Quien está detrás de esta idea y en la atención al público especializada es Florencia Falcione, quien en la actualidad apuesta por el emprendedurismo.
Falcione no es una comerciante improvisada. Es nutricionista, fue docente universitaria y cuenta con una trayectoria en investigación en el Conicet. Sin embargo, decidió bajar la academia a la vereda para resolver un problema real: ayudar a las personas a desarrollar una alimentación mucho más sana y aclarar las confusiones que pueden sufrir los clientes.

«La gente viene con mucha información, pero a veces es errónea o descontextualizada. Vienen buscando un producto mágico y al llegar acá se llevan una recomendación con fundamento científico», explicó.
DISTINTIVO
La gran diferencia de esta propuesta radica en la interacción. El local funciona casi como un consultorio al paso. Los clientes entran buscando algo específico, como por ejemplo productos para desarrollar una dieta cetogénica, y se encuentran con una profesional a la que pueden hacerle consultas específicas. Un servicio realmente innovador y necesario en la ciudad.
«Es como ir al doctor, pero en un ambiente relajado», sostuvo la licenciada. Y además describió que a veces les recomienda un alimento en vez de otro o también les recomienda consejos para armar otro tipo de merienda, a lo que por ahí las personas no están tan habituadas. Además, agregó que «nadie le discute a la etiqueta si hay una profesional explicándola».
Esta dinámica permite leer los rótulos en conjunto, detectando ingredientes ocultos que pueden afectar a personas con diabetes, celiaquía o intolerancias, transformando una simple compra en una clase de educación alimentaria. Herramienta que sirve para aumentar el cuidado de la salud y también para realizar compras más certeras al momento de estar frente a la góndola del supermercado.
SALUD
Lejos de la rigidez de las dietas restrictivas, la filosofía del lugar es realista. Como madre de tres hijos, Florencia Falcione entiende que la alimentación perfecta no existe y que la vida social es parte del bienestar. «Yo hablo de un 80/20. Si haces las cosas bien el 80 por ciento del tiempo, ese 20 por ciento que resta es de placer. Poder compartir una comida social, también es salud. La salud no es solo física, también es mental», aseguró.
Esta visión pragmática se refleja en los productos que ofrece. Curiosamente, lo que más éxito tiene son las soluciones para el hambre como ensaladas de frutas frescas, yogures listos y muffins de avena e integrales. El objetivo que lleva adelante es simple, que la opción saludable esté tan a mano como el producto ultraprocesado que se consigue en los kioscos.
LAS RAÍCES
El nombre del local, inspirado en el té japonés, simboliza un retorno a lo natural. El proyecto surgió tras un cambio de vida familiar y la necesidad de estar más cerca de la rutina escolar de sus hijos, detectando que faltaban opciones saludables al paso en la zona.

Hoy, Matcha se posiciona no solo como una tienda, sino como un espacio de contención. «Mi objetivo es que el cliente no solo se lleve un producto, sino que sepa cómo y cuándo consumirlo», concluyó. En tiempos donde todos opinan sobre nutrición, volver a las bases de la mano de la ciencia parece ser la verdadera revolución.
Matcha, almacén saludable, se encuentra ubicado en 25 de mayo 1099 de 7.30 a 12 y por la tarde de 17 a 20 de lunes a viernes. Mientras que los sábados de 17.30 a 20.30.

