Una cosa tiene en claro Axel Kicillof. No quiere ser visto como una reedición del error Alberto, que pareció designado por el dedo de Cristina en «un extraño tuit sabatino». El fracaso de la gestión de los Fernández, de 2019 a 2023, terminó con la derrota a manos de Javier Milei. Fueron cuatro años sin diálogo en la cúspide del poder, con una sucesión de quejas, vía cartitas públicas, que no obstaron para mantener las cuotas de poder logradas por el «cristino-camporismo» en amplios sectores de la administración.
Por estos días, el núcleo duro de la ex Presidente cree aún posible que el Gobernador de Buenos Aires cumpla estas premisas:
Ir al pie, a San José 1.111, algo que sistemáticamente Axel viene eludiendo.
Tomar como propia y como bandera de la campaña electoral, el slogan: «Cristina libre».
Aceptar el liderazgo de una conducción política que, como la de Cristina, no existe en un PJ nacional carente de representatividad y legitimidad.
Convalidar la pretensión de la ex Presidente de tener injerencia en la conformación de las listas, lo cual, de hecho, implicaría soslayar el fin mismo de las elecciones Primarias, Abiertas y Obligatorias, y hasta aceptar reeditar «el derecho a veto» sobre las listas de candidatos, dando la boleta larga sólo a algunos en desmedro de otros, lo cual reeditaría la «práctica descalificatoria del dedo» que ha llevado al achicamiento del partido y sus representaciones electorales.
El Gobernador es consciente de que la posibilidad de ser competitivo en un ballotage lo obliga «a hacer efectivo aquello de las nuevas canciones», y a cultivar un perfil propio que lo haga candidato, no de un sector del peronismo, sino del conjunto. Para ello está obligado a construir la unidad, en la que tenga cabida el sector «cristino-camporista», pero no la centralidad que haría añicos juntar las vertientes dispersas del peronismo que no aceptan la conducción de Cristina y ser vistos, por la sociedad, como una versión remozada alejada del fracaso de la última gestión que término de la peor forma, con una inflación del 211 por ciento.
En este marco, se acercan tiempos de definiciones. Está claro que Axel, para pelear en 2027, debe asumir el rol de conducir el proceso, algo que hace a la esencia de un peronismo que sólo tuvo dos lideres que supieron conducir al conjunto por sobre los sectarismos, esto es el propio general Perón y Carlos Menem.
El desafío es tomar «el baston de mariscal». Obviamente ello abrirá polémica, que se salda en las elecciones Primarias, en tanto sean limpias. Pero está claro que esa polémica, que se limita a los actores de superestructura, tiene como correlato la apertura hacia la unidad que se da de abajo hacia arriba. En la que todas las listas compitan y, a la vez, suman para el candidato presidencial, y se destierre la práctica de manipular nombres al servicio de proyectos personales, muchas veces sin méritos, trayectoria ni nivel parlamentario para los grandes debates que el país necesita.
En este contexto, el plantarse es una obligación que hace a la definición de la impronta de un eventual futuro gobierno que ya no admite «un doble comando». Los que quieran condicionar, poner palos en la rueda o tirar el carro para atrás deben saber que, el hacerlo, genera costos y dista de ser lo mejor para ellos mismos. No es bueno ver lo que pasa en el Gobierno de Buenos Aires donde Kicillof sufre «el fuego amigo».
Cristina, está claro, no puede ser candidata ni, aunque estuviera libre. Está inhabilitada por la Corte Suprema y ese es un dato de la realidad. No lo fue en 2015, aun estando en condiciones por dos aspectos muy claros: primero, porque no convocaba a todos los sectores del peronismo. Era sólo expresión de una parcialidad cada vez más sectaria. Y segundo, porque, en términos de una elección general, contribuye al abroquelamiento del segmento no peronista que, en un ballotage, conduce a una derrota segura.
Esto es política. Y las decisiones deben tomarse bajo ese prisma. Tomar «el bastón de mariscal» supone un desafío al orden preexistente. Podrá generar turbulencias. Quizás, sin la fuerza que puede creerse, pero vale entonces recordar aquello de que «el avión levanta vuelo porque tiene viento en contra».
También vale aquello de que «hay que poner toda la fuerza en un solo punto» y sí es cierto que hoy quien tiene mejores condiciones objetivas es el Gobernador de Buenos Aires para que entonces confundir, como lo hace el propio gobierno, al incluir en los sondeos a quien legalmente no puede competir.

