A los 68 años y tras batallar contra una larga enfermedad, anoche a las 22 falleció Jorge Messi en un sanatorio de su Rosario natal. Marido de Celia Cuccittini y padre de Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol, el empresario y representante del capitán de la Selección Argentina deja un vacío imborrable en la intimidad del fútbol mundial.
Definir a Jorge Messi implica comprender una metamorfosis única: la del humilde operario de la fábrica Acindar —que construyó con sus propias manos la vivienda familiar sobre el pasaje Lavalleja en el sur rosarino— convertido en el CEO de una estructura multinacional. Su gran virtud fue volar siempre por debajo del radar de las cámaras, eludiendo la tentación de los flashes para erigirse en el primer cortafuego, pilar emocional y estratega incondicional de su hijo.
CAUTELA INTERNACIONAL TRAS GRAVE ANTECEDENTE

En esta ocasión, la cobertura de los medios internacionales se manejó con extrema cautela y rigor periodístico. La prudencia con la que la prensa global trató la información buscó evitar a toda costa el grave exabrupto ocurrido un mes atrás, cuando la actriz Florencia Peña anunció de manera precipitada en el canal de streaming Luzu —en pleno desarrollo del Mundial— el supuesto deceso del padre del futbolista sin verificar los datos. A diferencia de aquel episodio desafortunado, la confirmación oficial abre hoy un espacio de profundo respeto antes de dar paso al desglose de la figura trascendental que fue Jorge Messi en la gestación y consolidación del mito deportivo.
ORÍGENES Y EL SALTO HISTÓRICO

Su historia ligada al fútbol nació en la tierra. Entrenó a Leo desde niño en el club de barrio Grandoli y lo acompañó en las inferiores de Newell’s, marcando su presencia con un característico silbido desde el alambre para que el pequeño supiera que estaba ahí. Cuando la carrera del chico enfrentó su primer gran obstáculo por la negativa a costear su tratamiento de hormonas de crecimiento, Jorge tomó el mando: probó a su hijo en River para presionar y, ante las trabas locales, estructuró una apuesta vanguardista en el año 2000 al cerrar un acuerdo inédito con el FC Barcelona.
Con apenas 13 años, Leo viajó a tierras catalanas impulsado por un padre que recorría las calles de la ciudad con una carpeta azul bajo el brazo, explicando el potencial de su hijo a la prensa local. Cuando la adaptación familiar crujió, la madre regresó a Argentina con los demás hermanos y el proyecto amenazaba con desplomarse, fue Jorge quien contuvo al joven en la intimidad de su habitación en España, pactando no claudicar y sostener el sueño a la par.
UN IMPERIO COMERCIAL
Con el paso del tiempo, aquel padre sumó el traje de representante y finalmente el de CEO de una maquinaria de enorme envergadura. Sin títulos universitarios en administración, pero con una intuición refinada y una convicción inquebrantable, transformó lo que era una estructura familiar en una multinacional. Filtró centenas de propuestas, contrató a especialistas para cada área y selló alianzas históricas con marcas globales como Adidas, el Ministerio de Turismo de Arabia Saudita, Hard Rock, Pepsi, Budweiser y Cirque du Soleil.
PERFIL BAJO

A lo largo de casi tres décadas, mantuvo un perfil reservado, limitando sus apariciones a contados comunicados, escasas entrevistas o breves declaraciones al paso en momentos de definición. Sin embargo, su capacidad de intervención fue constante: estuvo firme reclamando el cumplimiento de contratos a Joan Gaspart en 2001, liderando las complejas negociaciones con Joan Laporta antes y después de la etapa en el Paris Saint-Germain, y refinando con sigilo los pliegos finales que concretaron el desembarco de Lionel en el Inter Miami en 2023.
Jorge Messi fue, por encima de todo, la brújula y el ecualizador térmico de una estrella sin precedentes. Supo proteger la esencia de su hijo para que solo se preocupara por jugar al fútbol, garantizando el equilibrio necesario para que el motor jamás se fundiera. Hoy, el deporte despide al guía incansable que operó en la sombra para hacer posible la leyenda.

