La provincia de Chubut continúa afrontando una grave crisis por incendios forestales que llevan semanas fuera de control y mantienen en estado de alerta a pobladores y brigadistas. Aunque las condiciones climáticas mejoraron levemente con descenso de temperaturas y algunas lluvias aisladas, el fuego sigue activo y ya consumió más de 40.000 hectáreas de bosques, campos y montes en la cordillera chubutense.
Fuego activo y expansión del desastre
El siniestro se originó hace más de un mes y medio, con varios focos en el Parque Nacional Los Alerces y zonas cercanas, y ha evolucionado hasta convertirse en un operativo complejo para los combatientes. El fuego avanzó hacia sectores rurales y la localidad de Cholila, compuesta por varios valles y poblados como Villa Lago Rivadavia y El Cajón.
Las condiciones climáticas —con altas temperaturas, viento fuerte y un contexto de sequía extrema, calificado como uno de los años más secos de la última década— han favorecido la reactivación de focos que estaban próximos a controlarse, complicando el trabajo en el terreno.
Operativo de combate y desafíos
Hasta el momento, alrededor de 500 personas trabajan en el operativo, entre brigadistas especializados, bomberos voluntarios y personal de apoyo logístico. Sin embargo, ante la gran extensión del frente ígneo y las condiciones adversas, las autoridades y equipos de emergencia enfrentan dificultades para limitar el avance de las llamas.
Brigadistas han reportado que los vientos pueden superar los 50 kilómetros por hora, generando focos secundarios que obligan a replantear las estrategias operativas y reducen la capacidad de control en zonas críticas.
Comunidades bajo tensión
La cercanía del fuego a zonas pobladas como Cholila mantiene en vilo a los vecinos, que han expresado preocupación por la falta de un plan de evacuación claro y por los recursos limitados para enfrentar el desastre. Algunos sectores advierten que el avance del incendio ya ha rodeado áreas rurales y que los cielos se han teñido de naranja por el humo, lo que refleja la gravedad de la emergencia.
Este escenario representa uno de los episodios más severos de incendios forestales en la región en lo que va del verano, con consecuencias ambientales, sociales y económicas que aún están en desarrollo.

