La pandemia de Covid-19, con su incertidumbre, actuó como el catalizador para el cambio. «Yo dije, ‘bueno, empiezo a estudiar lo que a mí me gusta. De una vez voy a hacer lo que yo quiera'», relató la sommelier internacional, Natalia Pacheco, en conversación con EL LIBERTADOR. Así comenzó su formación como sommelier, dejando en claro la diferencia fundamental con el enólogo: el enólogo «hace la magia y crea el vino», mientras que el sommelier es el «comunicador de vinos».
El interés de Natalia por el vino no se limitaba al disfrute; siempre buscó entender «qué había en una botella». «Me gustaba el vino, pero más me interesaba entender cómo se llegó a hacer ese vino, cómo tenía los sabores que tenía y entender un poco el detrás del vino,» explicó.
Lo que comenzó como un hobby se transformó un proyecto de vida. «Yo si pasamos la pandemia, quiero vivir del vino porque es lo que a mí me gusta», se propuso. Este compromiso se evidencia en su formación constante, que incluye títulos obtenidos en España y Londres.
DESAFÍO
Su traslado a Corrientes no fue casual. Pese a no ser oriunda de la provincia, Natalia buscó desarrollar sus conocimientos en un lugar «que no tuviera nada que ver con el vino.» Mientras que la «meca» para los sommeliers es Buenos Aires o Mendoza, Corrientes no cuenta con producción vitivinícola, lo que la convierte en un desafío.
«Quería desarrollar los conocimientos en una provincia que no tuviera nada que ver con el vino», afirmó, con la ambición de representar y visibilizar la disciplina fuera de los centros tradicionales. Actualmente, trabaja para una bodega mendocina cubriendo la región NEA, un rol que le permite viajar constantemente y llevar su conocimiento a provincias como Misiones, Chaco y Formosa.
FORMACIÓN
Natalia enfatizó en que la sommelier es mucho más que «tomar vino y catar». Es una carrera profundamente académica que exige el estudio de historia, geografía, cultura y hasta procesos técnicos. «Yo estudio todo el tiempo con mapas», confesó, destacando la necesidad de entender factores como el tipo de suelo, el clima y la altitud para comprender cabalmente el concepto de terroir y cómo el vino «representa a una zona». Esta inmersión total es lo que distingue su compromiso: «Entender el vino es mucho más que tomarlo, sino tratar de comprender qué es lo que hay en la copa, de dónde viene, cómo se hizo, quién lo pensó, quién lo soñó,» describió.
COMPROMISO
El afán de superación de Natalia la llevó a viajar a Europa para estudiar y recorrer zonas vitivinícolas históricas como Borgoña y la Toscana. De forma sorpresiva, tras su regreso a Argentina, fue convocada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y el Gobierno para dictar clases en la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de la Universidad de La Laguna, en Tenerife, con todos los gastos cubiertos. Esta experiencia no solo enriqueció su formación, sino que la motivó a compartir el conocimiento en Argentina, donde luego dictó una masterclass gratuita donde trasmitió todo lo aprendido a sus colegas.
Una vid para todos los gustos
Uno de los motores de su carrera es democratizar el acceso al vino. Natalia expresó su compromiso con que las personas se familiaricen con esta bebida: «Yo quiero que la gente se sienta bien, que se sienta cómoda, que se anime a preguntar, lo quiero cotidiano». Su meta es clara: hacer que el vino se acerque a la gente. Rompiendo con los protocolos y las etiquetas rígidas, aboga porque cada persona disfrute del vino a su manera. «Lo que más me interesa es que la gente tome vino y que lo disfrute como le guste», concluyó.
PERFIL LOCAL
Natalia al ser consultada, detalló cuál es la característica del perfil correntino que bebe vino: «Es un consumidor al que le gusta el Malbec, pero muchas veces lo hace también por desconocimiento o porque justamente es nuestra uva nacional y nos olvidamos a veces que tenemos un montón de otras».
«Entonces, yo lo que trato siempre de hacer es generarle curiosidad, hacerle probar cosas diferentes y creo que hay un montón de cosas ricas y lindas para probar en todo segmento de precios. No hay que ir por vinos caros para que sean buenos. Por suerte a mucha gente le interesó conocer algo nuevo, ir por lo distinto», agregó, siempre marcando su impronta y compromiso con su disciplina. Para Natalia, entender el vino es «saber qué hay en la copa, ¿quién lo pensó? ¿Quién lo soñó?».

