El dirigente radical rememoró los detalles de su inédita decisión de pedir la baja de las Fuerzas Armadas antes del quiebre institucional de 1976. En una entrevista profunda, analizó la pérdida de identidad de los partidos tradicionales, criticó las alianzas actuales de la UCR y defendió la necesidad de un Estado que sostenga la salud y la educación pública.
El histórico dirigente radical Gregorio Goyo Pomar fue entrevistado en La Otra Campana, el programa clásico radial que se emite todos los domingos por LT7 Radio Corrientes y LT25 Radio Guaraní, con la conducción de Gustavo Ojeda, en compañía de Facundo Sagardoy. En el transcurso de la emisión, Pomar abordó temas de profunda relevancia histórica y de rigurosa actualidad partidaria, tales como los desafíos de la consolidación democrática argentina, la crisis de representación que atraviesan los partidos políticos tradicionales, el impacto de las alianzas electorales contemporáneas y los recuerdos sobre su subsistencia en la vida civil tras abandonar las filas del Ejército.
A continuación, parte de la charla:
¿Cómo analiza la actualidad de nuestro sistema institucional habiendo transcurrido más de 40 años de democracia ininterrumpida?
-Estamos acá con la democracia que consideramos consolidada, después de haber pasado todos esos períodos con sucesión de dificultades nuevas. Confío, creemos que la democracia ya está consolidada, que nadie habla cuando ve dificultades de alguna interrupción al sistema, pero sí hay riesgo de la contaminación dentro del sistema para que eso derive en cuestiones de tipo autoritario. Permanencia en el poder, extensión de mandatos, en fin, todo lo que ya también sabemos porque ha pasado en otros países.
A nivel nacional, observamos que la Unión Cívica Radical (UCR) parece perder fuerza o diluirse en otros espacios políticos. ¿Cuál es su apreciación respecto de la situación del partido?
-Está perdiendo identidad, y perdiendo identidad para dentro del sistema, ayudar a buscar atajos para resolver cosas que uno cree que se pueden resolver desde alianzas inconvenientes. El radicalismo empieza a perder identidad cuando para enfrentar a gobiernos que no nos satisfacían, terminamos comprometiendo nuestro esfuerzo, nuestro voto, nuestro desarrollo territorial, nuestra dirigencia con sectores políticos que no tienen nada que ver con nosotros. Obviamente, perdés identidad. El radicalismo es un partido socialdemócrata. ¿Qué somos nosotros? ¿Somos una parte de una alianza con partidos como el PRO, por ejemplo, o somos la Unión Cívica Radical Socialdemócrata? Quedamos absolutamente desdibujados. Eso tenemos que recuperarlo. Si la gente está demandando una propuesta como la de (el presidente, Javier) Milei, por ejemplo, la UCR no debería acompañarla.
¿Qué orientación debería tener una agenda orientada al desarrollo del país?
-A ver quién lo propone, porque si lo propone (Federico) Sturzenegger, no le creo. Por eso yo digo, si lo propone la UCR, creo; bueno, obviamente, yo soy parte, pero si lo propone un sector político que tiene como antecedente un intento, que no es solamente el desarrollo, es la solidaridad, es la educación, es el privilegio, la prioridad de la salud pública, de cosas que tienen que ver con ser sostenidas por el Estado. Cuando la moda habla no solamente de la libre empresa, que nadie es contrario a la libre empresa, pero la libre empresa y el mercado como el tótem, ahí no podemos estar de acuerdo.
Es inevitable rescatar su coherencia al alejarse de la carrera militar entre 1975 y 1976. ¿Cómo recuerda aquella decisión en un contexto social tan complejo?
-Y bueno, el país ha acompañado eso. Yo me alegro de que no haya habido encuestas en esa época, porque hubiese sido una vergüenza para nosotros. A mí me consta por lo que vivía yo yéndome del Ejército, porque se produjo un golpe de Estado, un golpe de Estado más, y digo, no, yo no puedo acompañar esto, no puedo ser parte de esto desde adentro. Pero la ciudadanía apoyaba, pretendía, quería, pedía el golpe, y menos mal que no había encuestas. Yo fui el único oficial del Ejército que pidió la baja y se fue. Cuando se impartían las órdenes para ejecutar el golpe de Estado, presenté mi solicitud de baja y me fui. Le planteé al comandante de brigada que de ninguna manera iba a cumplir las órdenes que determinaban mi participación en eso. Estuvo mal decidir el golpe. El mismo (Jorge Rafael) Videla reconoció en prisión que el error fue hacer el golpe de Estado, porque el Ejército tenía suficientes instrumentos legales para combatir la subversión sin el golpe.
El futuro de la UCR
Pensando en los próximos desafíos electorales del partido, ¿cuál considera que es el camino correcto para la UCR?
-Yo lo que quisiera que se haga es que los partidos políticos presenten su candidatura independientemente de quién está enfrente. Tenemos que ir cada uno con su identidad. Tiene que ser la gente la que resuelva. Es un daño enorme a la institucionalidad del país el que se hace desdibujando los perfiles de cada uno de los partidos. Un modelo que está llevando a hacer enormes inversiones pero que está desahuciando a la pequeña y mediana empresa no puede ser un modelo económico para la Unión Cívica Radical. Estamos yendo a votar por un candidato ajeno, estamos yendo con un muleto. Tenemos que empezar alguna vez a hacer una mala elección y, bueno, no pasa nada, sigue la historia. Lo que sí pasa es cuando se diluyen los partidos políticos y se diluyen sus identidades. Tiene que existir la identidad política que represente determinados valores.
De la milicia a la vida civil
¿Cómo vivió esa drástica determinación en el plano familiar y económico, pasando de la milicia a la vida civil?
-Vivimos remando. Yo me fui del Ejército sin tener ninguna formación que no sea para la guerra. Comando, paracaidista, todas las cosas que puede hacer un militar formándose para la guerra, yo tenía las especialidades. Así que salí del ejército con una mano atrás y otra adelante, con una esposa y tres hijas en ese momento, a enfrentar la subsistencia cotidiana. La empresa Pinar me ofreció un trabajo y empecé a trabajar allí. Después estuve haciendo una serie interminable de experiencias de producción, estuve en una inmobiliaria, planté arroz, estuve administrando un campo, tuve carnicerías. Haciendo lo que iba pudiendo, sin capital. Mi mujer realmente fue un soporte para la familia notable y muy ponderable. Pretendía que en la Argentina se viviese en democracia, que si había gobiernos buenos los disfrutásemos, y si había gobiernos malos, que los aguantásemos hasta poder sustituirlos democráticamente.
¿De qué manera continuó su compromiso con esa idea democrática básica?
-Me incorporé, en la clandestinidad, porque esa era una forma; si no estaba autorizada la actividad del partido político, me sumé a la UCR con los dirigentes que estaban en ese momento activos. Osvaldo Benítez era presidente del partido; Armando Romero era el dirigente más encumbrado de Renovación y Cambio, el sector de (Raúl) Alfonsín. Decidí trabajar allí. La militancia política en ese momento no tenía ningún rédito, en Corrientes menos, siendo radical. La función del radicalismo era decidir a quién se le daban los votos en el colegio electoral.

