En los pasillos del Senado, donde el eco de los pasos suele decir más que los discursos en el recinto, se está cocinando una de las piezas legales más sensibles para el futuro inmediato de la Argentina. No es sólo técnica legislativa; es, ante todo, orfebrería política. En el centro de esa mesa de negociaciones, un nombre emerge con la parsimonia y la firmeza del litoral: Eduardo «Peteco» Vischi.
El despacho del bloque de la Unión Cívica Radical (UCR) se convirtió esta semana en el búnker de operaciones donde la jefa de la bancada libertaria, la senadora Patricia Bullrich, buscó sellar el destino de la Reforma Laboral. La imagen es potente: una Bullrich ejecutiva y pragmática, desembarcando media hora antes de lo previsto en territorio radical para «pasar en limpio» un acuerdo que, aunque ella define como «consolidado», todavía requiere del bisturí de los que conocen el paño federal.
EL ANFITRIÓN DEL CONSENSO

Si Bullrich representa la urgencia del cambio y la voluntad de hierro del oficialismo, Vischi es el garante de la viabilidad. El correntino ha logrado posicionarse como el interlocutor necesario, el hombre que traduce las necesidades de la Casa Rosada al complejo lenguaje de las provincias, teniendo a Corrientes entre las jurisdicciones que más agenda tiene por definir con Balcarce 50, con temas latentes que aún no obtuvieron respuestas y que son vitales para la gestión de Juan Pablo Valdés. Tal es así que el Gobernador correntino mantuvo un encuentro previo con «Peteco» en su despacho de Casa de Gobierno, sobre el cual apenas trascendieron algunos detalles, enmarcándose la reunión en una mañana de miércoles que también incluyó un cónclave con el diputado nacional, Diógenes González.
Durante las más de dos horas que duró el cónclave, Vischi no sólo ejerció de anfitrión. Fue quien puso sobre la mesa las «preocupaciones federales», especialmente en el espinoso capítulo tributario.
Mientras Bullrich empuja una modernización basada en la reducción de la litigiosidad y el espejo de modelos regionales como el de Uruguay o Brasil, el Senador radical cuida el detalle fino: que el esfuerzo por sacar al país adelante no desfinancie a las provincias.
«Hay una actitud de colaborar», soltó Vischi al salir, con esa cautela del que sabe que en el Congreso los goles se festejan recién cuando el tablero marca el final. Su rol es el de equilibrar el entusiasmo libertario con el realismo político de los gobernadores.
Sintonía fina y modernización
La sintonía entre ambos es evidente, pero no exenta de debate. Bullrich confía en Vischi para contener a la tropa «dialoguista» -donde conviven salteños, misioneros y santacruceños- y asegurar esas 44 voluntades que ya mostraron músculo en diciembre.
El eje del acuerdo gira en torno a la «previsibilidad». La jefa libertaria fue tajante: volver a la esencia de la ley de contrato de trabajo para evitar que un juicio laboral sea el certificado de defunción de una Pyme. Vischi acompaña la visión, pero con el ojo puesto en las diferencias entre las grandes empresas y las medianas inversiones.
Lo que viene

El martes próximo será el «Día D». El ida y vuelta entre el Senado y la Casa Rosada no se detiene. Se están limando asperezas, quitando palabras que «hacen ruido» y ajustando el paraguas fiscal.
En este ajedrez parlamentario, Patricia Bullrich tiene la iniciativa, pero es Eduardo Vischi quien sostiene el tablero. Si la reforma laboral logra ver la luz antes de la primera quincena de febrero, mucho se le deberá a esa paciencia correntina que entiende que, en política, el diálogo no es una concesión, sino la única herramienta posible para la transformación.

