Que tal vez existan casos de docentes que no entregan todo de sí en la vocación de educar, no sólo enseñar, y sean objeto de reclamos de los progenitores, no es causa para que no se distinga a la totalidad de ellos y ellas, que cada jornada de la semana laboral, e incluso en la de descanso, se abocan a una labor de inconmensurable responsabilidad y amor a los chicos que son destinatarios de su misión, no siempre fácil, ya por el comportamiento que arrastran niños y adolescentes desde sus hogares, o por los obstáculos que son un salario de escaso poder adquisitivo, condiciones de infraestructura quizá, o distancias que deben atravesar para llegar a las escuelas en zonas rurales, y ni hablar de las temperaturas, de calor abrasador o frío congelante.
Hace unas semanas, en el paraje San Juan del departamento Goya, docentes de la Escuela Primaria N°948 José Hernández relataron en vivo su rutina diaria: deben hacer dedo desde las 5 para llegar a su lugar de trabajo.
El relato inesperado sucedió en las pantallas del canal de noticias de la televisión nacional A24 (América 24), cuando ocasionalmente se encontraba en el lugar sobre la ruta el periodista Gabriel Prósperi, enviado especial para cubrir las instancias del resonante caso de la búsqueda del niño «N» secuestrado en la ciudad de Esquina por su propio padre, Josías Santos Regis, apodado como «el Brasilero».
Mientras realizaba la emisión de su intervención en el programa televisivo al ver a dos maestras, con buen tino, se dirigió hacia ellas para entrevistarlas.
El colectivo pasa recién a las 14 y no cuentan con transporte provisto por el Estado ni viáticos, según también se informa en las redes sociales del Canal de Buenos Aires. «Si queremos un vehículo, tenemos que pagar de nuestro sueldo», explicaron en ese día al periodista, mientras ya aguardaban con la característica seña del dedo pulgar hacia arriba para poder regresar a sus casas en Esquina -a unos 50 kilómetros- tras el día de labor.
Las maestras Nilda «Tita» Gómez y Verónica Valenzuela compartieron que trabajan cuatro horas diarias en una escuela rural y atienden varios grados por aula. Además del rol docente, deben preparar desayuno y almuerzo para los niños e incluso realizar tareas de limpieza ante la falta de portero. «La principal problemática es la comida; llegan chicos que en su casa no pueden comer», señaló «Tita» Gómez.
El salario ronda los 800 mil pesos mensuales por todo concepto, incluyendo un pequeño porcentaje por zona rural. No reciben vianda ni ayuda alimentaria para ellas mismas; solo los niños acceden al desayuno y almuerzo escolar. La comunidad local conoce sus dificultades y ocasionalmente vecinos o camioneros las ayudan con el traslado.
Al aprovechar el plausible contacto de Gabriel Prósperi, las docentes solicitaron a la comunidad la colaboración con útiles escolares, ropa y alimentos no perecederos. Invitaron a quienes quieran ayudar a contactarlas vía redes sociales: Roxy-Tita Gómez (en Instagram) o Verónica Valenzuela (en Facebook).
Eduardo Hernández.

