Hoy la sirena de la ciudad de Goya no suena por una emergencia; suena con el eco de la gratitud profunda. La comunidad se une en un abrazo emocionado para honrar el Día del Bombero Voluntario, rindiendo tributo a una trayectoria impecable que merece el respeto perenne de todo un pueblo.
Hablar de los inicios de la institución en Goya es recordar un camino transitado con la precariedad de condiciones de aquellos años gloriosos, donde los incendios se combatían con medios de comunicación escasos y herramientas rudimentarias. Sin embargo, lo que faltaba en recursos sobraba en un espíritu inquebrantable y una verdadera vocación de servicio.
Hoy la comunidad rinde homenaje a dos goyanos de trayectoria impecable que lograron un gran respeto e integración en la ciudadanía, la cual reconoce su entrega generosa y los recuerda con merecido respeto. Dos valerosos bomberos voluntarios que entregaron su vida al servicio de la comunidad, sin recibir jamás compensación económica alguna, impulsados únicamente por la noble satisfacción del deber cumplido.
En este día se recuerdan aquellos tiempos de una institución con una presencia imponente en cada acontecimiento trascendente de la comunidad y en los tradicionales torneos deportivos interfuerzas. El cuartel de 25 de Mayo y 12 de Octubre se destacaba por tener siempre sus puertas abiertas, de día y de noche, como muestra de una institución llena de vida.
Los bomberos salían de sus trabajos y corrían al cuartel simplemente porque, como recuerda hoy un bombero de la reserva, «nos gustaba estar ahí». En ese espacio reinaba la alegría, las guardias compartidas, los partidos de fútbol y las cenas que se prolongaban al compás de una guitarra y el canto amigable.
Todo esto fue posible gracias a la firmeza, dedicación, seriedad y disciplina de dos conductores excepcionales que supieron ser verdaderos jefes y consejeros personales de cada voluntario, ganándose la obediencia desde el afecto y el respeto absoluto de sus subordinados.
Comandante Mayor Juan Manuel Fernández
Las muestras de gratitud se expresan en el presente y con profunda alegría al homenajear al comandante mayor Juan Manuel Fernández, quien se desempeñó por muchos años como el segundo jefe del Cuerpo Activo. Hoy, con sus ochenta años de edad y desde el cuerpo de reserva, continúa siendo un pilar fundamental y un gran referente en nuestra ciudad.
Juan Manuel Fernández, conocido entrañablemente como «Piedra», grabó en el corazón de su personal la capacidad de conducir con decisión y coraje, pero siempre desde un carácter amable, sencillo, cordial y con un excelente sentido del humor que transformó al Cuerpo Activo en una gran familia.
Hombre de arraigados valores cristianos y amante del deporte —recordado también por su faceta como árbitro en la Liga Goyana de Fútbol—, fomentó incansablemente la camaradería. Para él no existían los horarios, el frío o el calor extremo: ante el llamado de la sirena, acudía de inmediato con el firme convencimiento de que una vida estaba en peligro, dejando una huella imborrable de entrega incondicional.
Comandante General Aníbal Merello
Al mirar al cielo, el recuerdo se vuelve emoción pura al evocar al comandante general Aníbal Merello, emblemático exjefe que partió el 2 de noviembre de 2020 a los 77 años. Su nombre es sinónimo del escalafón más alto del sistema bomberil en la Argentina, reconocido como uno de los máximos referentes históricos de toda la región del Nordeste. Su intachable hoja de vida atesora 45 años de servicio ininterrumpido y un cuarto de siglo como Jefe del Cuerpo Activo de Goya.
Su liderazgo traspasó las fronteras locales. Fue condecorado en el Senado de la Nación con la Medalla de la Orden al Mérito, entregada por el vicepresidente de la Nación; además, actuó como Director de la Escuela de Capacitación Regional e impulsó la fundación de varios cuarteles en la provincia.
Pero más allá de los reconocimientos y distinciones, el comandante Aníbal Merello fue el ejemplo vivo del bombero voluntario comprometido con su vocación de servicio. Quienes lo conocieron y lo vieron actuar recuerdan que nunca se quedaba en el cuartel o en su domicilio cuando la autobomba salía para una emergencia. Ya sea frente a un voraz incendio, un accidente de tránsito o cualquier situación de riesgo, siempre estaba al frente de su personal, presente en el lugar de los hechos, combatiendo personalmente las emergencias y acompañando de manera directa a cada integrante de su cuerpo activo. Su liderazgo se construyó con el ejemplo, compartiendo los esfuerzos, los sacrificios y los riesgos junto a sus camaradas.
Era, además, un jefe que tenía, y sigue teniendo, una consideración muy especial dentro de la comunidad goyana. Con profundo orgullo vestía el uniforme de Bomberos Voluntarios y era él mismo quien representaba a la institución en cada ocasión que lo requería. Por ello, se lo veía participando en todos los actos patrios, desfiles, celebraciones religiosas y acontecimientos trascendentes de la ciudad, llevando con honor y dignidad la imagen del cuerpo de bomberos ante la sociedad.
Entre sus camaradas fomentaba permanentemente el compañerismo, la unidad y el sentido de pertenencia institucional. Siempre organizaba una comida fraterna que los reunía y propiciaba «el partido de fútbol de cada sábado», según recuerdan hoy con nostalgia.
Su preocupación constante era el crecimiento del cuartel en todos los aspectos. Impulsó decididamente la incorporación de equipamientos, promovió la capacitación permanente del personal y trabajó incansablemente para mejorar las condiciones de servicio. Entre sus mayores logros se destaca haber propiciado la construcción de un moderno edificio para el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Goya, concebido de acuerdo con las necesidades operativas que demandaban los nuevos tiempos. Lograr mejores recursos, mayor equipamiento y una preparación cada vez más profesional para los bomberos fueron algunos de sus mayores desvelos.
Además, su compromiso con Goya se selló en el plano social como vecino fundador del Barrio Juan XXIII, presidente de su comisión vecinal y promotor de la construcción de la capilla San Antonio; acciones comunitarias que hoy hacen justicia a su memoria al dar su nombre a la plaza del mencionado barrio mediante la Ordenanza Nº 2.216.
Aníbal Merello fue un hombre querido, aceptado, respetado y admirado por su extraordinaria capacidad de conducir, por su espíritu de servicio y por su permanente entrega a los demás. Cuando cumplió los 60 años de vida, la comisión directiva dio cumplimiento a la Ley provincial que reglamenta el funcionamiento de los cuerpos activos, la cual establece legalmente que un integrante de la institución no puede permanecer en el cuerpo activo superando esa edad y debe pasar al cuerpo de reserva. Y pasó a la reserva con los mayores reconocimientos, dando estricto cumplimiento a la norma legal correspondiente.
Un deseo de justicia institucional
Su legado permanece vivo en cada bombero que continúa abrazando los valores que él supo transmitir con su ejemplo, dejando una huella imborrable en la institución y en toda la comunidad de Goya.
Al evocar estos «otros tiempos» de gloria y hermandad, nace de forma natural un deseo profundo en el corazón de quienes valoran el verdadero altruismo: que el paso del tiempo no opaque la gratitud institucional y que, más temprano que tarde, la institución sepa plasmar de manera oficial, formal y con la altura que su historia amerita, el homenaje definitivo y el reconocimiento que legítimamente les corresponde a estos dos titanes del voluntariado goyano.
Fuente y fotos: PowerNoticias

