Olivier Falchi salió de su casa a los 18 años para no volver. En diálogo con EL LIBERTADOR atribuyó su vocación a una infancia rodeada de «buena gastronomía» en su hogar. Rápidamente vio en la cocina no solo un placer, sino una «posibilidad de viajar y de disfrutar». Hoy se encuentra a cargo de uno de los restaurantes que forman parte del hotel Marriot, ubicado en el corazón del nuevo Distrito Boulevard.

Su vida parece sacada de una película, Olivier Falchi ha estado siempre en un constante movimiento. Su transitar es fruto de un sueño cumplido inspirado en las historias de viajes de su padre militar. «Sentía adrenalina mientras miraba el techo de mi habitación y me preguntaba qué voy a mirar mañana,» confesó. Este espíritu aventurero lo llevó a ir detrás de la aventura y recorrer varios países, entre ellos llegó a Argentina por primera vez en 1998.
AL OBELISCO
Su primer flechazo con nuestro país fue épico. Llegó un sábado y al día siguiente, era el domingo de la final del Mundial de Francia ‘98. De repente, embriagado de tanta alegría se encontró en medio del Obelisco, celebrando la victoria de su país rodeado de compatriotas a horas de arribar a la nación que se convertiría en su segundo hogar. «Fue como el amor a primera vista, no hubo choque cultural. Lo sentí directamente: este es mi segundo lugar».
Tras su mítica llegada, se convirtió en el chef del prestigioso restaurante La Bourgogne ubicado en el Alvear Palace de Buenos Aires, donde trabajó hasta 2004. Durante esos años, aprendió español en la calle y trabajando. Y a su vez conoció a la mujer que se convertiría en su esposa, de esta manera formó una familia con raíces francesas y argentinas. De este amor nació su hija.

LITORAL
La decisión de establecerse en Corrientes surgió tras una temporada de trabajo en Aruba, impulsado por el deseo de volver a Argentina y estar cerca de su esposa e hija. De forma muy agradecida le comentó a EL LIBERTADOR que la conexión con la familia Chamas y el proyecto del hotel Marriott fue inmediata. Desde su llegada, el mayor reto ha sido «interpretar la visión de la cultura culinaria correntina». Así como también se sumaron al desafío entender al público local y adaptar su propia propuesta. Su método fue sencillo, pero profundo, al respecto detalló: «Salí mucho a comer, tuve la suerte de conocer varios cocineros de acá, intercambiar mucho, escuchar y, por sobre todo, aprender».
LA MILANESA
Su cocina actual es un reflejo de sus viajes, al respecto confesó: «Yo diría del mundo, uno se va haciendo su propia identidad con los años,» aunque su raíz francesa sigue presente. En Corrientes, descubrió un ingrediente que lo fascinó: la mandioca, y las múltiples propuestas que giran en torno a la chipa como son las opciones de mboca, guazú y so’o.
Al hablar sobre sus gustos, comentó que su plato más personal, el pato, comparte podio con un desarrollo culinario que lo llena de orgullo local: la milanesa chipa. El chef, con profunda emoción, comentó que «logró crear una versión única que incorpora un polvo de chipa al apanado». Se trata de una reinterpretación que ha sido elogiada por numerosos comensales correntinos. «No hay un correntino que no halaga mi milanesa. Me pone súper feliz y orgulloso pensar que un francés desarrolló un plato en el cual los correntinos aún no habían pensado».
VOCACIÓN
El chef, que se declaró un «enamorado de la vida» y sostiene que «se adapta rápidamente a los nuevos desafíos». Además de describir que siempre se encuentra buscando el lado positivo. Incluso en su día libre, su pasión lo llama: «Me prendí un mini fuego, me hice un ojo de bife para mí solo. Cuando llegó mi mujer me dijo ‘¿y qué hiciste en tu día libre?’ Cociné a la mañana y a la noche», confesó que le respondió entre risas. Su vocación es parte de su día a día, ya se acostumbró a las extensas jornadas que comienzan a la mañana y cierran durante la noche en la cocina del Marriot. Para él, la cocina no es solo un trabajo, es «mi manera de vivir. Tengo la suerte de ganar mi vida haciendo lo que amo. Soy un afortunado.»

