A los 15 años, el joven arquero, oriundo de Bella Vista, Salvador Ruiz Behr dio un enorme paso en su carrera deportiva: firmó con Racing Club, uno de los clubes históricos del fútbol argentino.
Incluso, ya tuvo la chance de jugar en el predio de la AFA en la séptima división de la Academia contra la selección argentina sub 16, poco antes de que se dispusiera el paro de actividades de fútbol dispuesto por AFA.
“Salva”, apodo con el que se lo conoce, tienen bien en claro lo que se le viene: adaptarse al desarraigo moderno, ser visto por un equipo grande en un puesto ingrato como es el de arquero, y el tercero, el más valioso, en un momento de su silencio en Bella Vista y sus naranjales hacer el click positivo, para pensar con otra cabeza su puesto de 1.
En uno de sus últimos potreros en Bella Vista, cuentan que medía los 8 segundos reglamentarios con la pelota en las manos, pensando cada jugada. Con esa misma convicción fue a buscar su sueño y lo está logrando.
Salvador comenzó en Bella Vista en la escuelita infantil, luego pasó por Atlético y más tarde por Centro Estrada, donde empezó a competir con categorías mayores, además de jugar tenis, futsal y entrenar con la primera.
Horacio, su padre (instructor de tenis), contó que “Salva” llego a ser campeón provincial de tenis, varias veces en singles y en dobles, pero cuando tenía cerca de 10 u 11 años,” me planteó que quería ser jugador de fútbol profesional y jugar tenis solo recreativo, siempre tuvo objetivos deportivos claros”.
Andrea, su mamá dijo: “Como niño siempre fue disciplinado, responsable, constante y perseverante en su formación deportiva, amiguero, muy querido y valorado por sus compañeros. Sus primeros pasos en Estrada fueron con ilusión, no faltaba nunca entrenar, y se adaptó y dejó la raqueta de tenis a un lado, con todo lo que significaba hacia adentro”.
Y prosiguió expresando: “Lo veo muy maduro, comprometido en su ilusión, y aunque nos mensajeamos todos los días, daría todo por un abrazo, aunque sea con los guantes puestos”.
Andrea relató que “yo seguí con entusiasmo una secuencia de fotos en redes, hasta que llegó la firma con Racing y quedarse en Buenos Aires, con todo lo que significa para un pibe de solo 15 años, (felicidad y tensión en toda la trama familiar) imaginé”.
Salvador es el más grande de los hermanos de Albertina y Tomy (por parte de su papá) y de Clarita y Poly (por parte de mamá), por lo que habrá una foto de todos en su celular, y a seguir entrenando, bolso al hombro, esos guantes, esa casaca, y esa ilusión clara de ir por todo.
De Bella Vista a Avellaneda, en sus manos, los guantes con los que quiere conquistar el arco de la Academia este joven bellavistense, porque en el fútbol moderno ya no alcanza solo el talento: se construye con trabajo, disciplina, constancia y perseverancia.

