La ministra de Educación, Ana Miño, anticipó un rediseño del mapa escolar luego de relevar que más de 260 establecimientos de campo tienen menos de 5 alumnos. El plan oficial busca agrupar a los chicos en edificios con mejores servicios sin afectar los cargos docentes, mientras el recorte nacional de fondos agrava el abandono de las aulas en los parajes aislados.
03-POLITICA-OK-4La espeluznante muerte de la docente rural, Nanci Godoy, en el departamento de Esquina aceleró en la Provincia el debate sobre la viabilidad del actual esquema de educación en zonas aisladas.
La ministra de Educación, Ana Miño, tomó la palabra por primera vez el pasado jueves 29 de octubre, luego de conocerse los escalofriantes primeros resultados de la autopsia de la maestra, quien había expuesto fallas groseras de funcionamiento y edilicias en la escuela del paraje El Malezal, donde prestaba servicios. La funcionaria adelantó que el Gobierno provincial avanzará en una reestructuración profunda del mapa escolar en el campo.
NÚMEROS
ELOCUENTES
Las estadísticas oficiales reflejan una dispersión marcada sobre un total de 876 escuelas rurales en territorio correntino, donde 265 funcionan con menos de 5 alumnos y otras 113 apenas registran menos de 3 chicos en las aulas.
El plan oficial busca ahora concentrar a los estudiantes en edificios mejor ubicados y con mayor acceso a servicios y mantenimiento, bajo la promesa de que la reubicación no implicará pérdida de puestos laborales para los maestros.
Mientras el expediente administrativo corre en paralelo a la causa judicial, la funcionaria justificó su decisión de no comunicarse con la familia de la víctima para respetar el duelo y no interferir en el trabajo de los fiscales, aunque aseguró confiar en que el asesinato no quedará impune.
El deterioro de la infraestructura y el impacto directo del modelo de la gestión nacional
El cuadro de techos rotos, baños asquerosos, paredes partidas y falta de agua potable que denunció Nanci Godoy en El Malezal funcionó como una radiografía de una problemática estructural que atraviesa a las escuelas rurales de toda la Argentina.
Históricamente relegados por las dificultades de acceso y la falta de controles periódicos, los establecimientos de frontera y de parajes adentro sufren un deterioro crónico que suele recaer sobre las espaldas de los propios maestros, convertidos en gestores de mantenimiento, cocineros y cuidadores de edificios a la deriva.
Esta fragilidad histórica se agravó de manera pronunciada en el escenario nacional actual a raíz del recorte de partidas destinadas a la obra pública y al desfinanciamiento de los programas federales de infraestructura escolar.
Sin el flujo de fondos nacionales para el sostenimiento edilicio y con presupuestos provinciales ajustados que priorizan los centros urbanos de mayor volumen electoral, las escuelas de baja matrícula quedan atrapadas en un vacío de inversión donde una simple falla eléctrica o la rotura de una perforación de agua demora meses en resolverse, exponiendo a docentes y alumnos a un aislamiento cada vez más riesgoso.

