El avance del fenómeno climático El Niño ha dejado de ser una mera advertencia meteorológica para convertirse en una crisis socioeconómica en diversas ciudades costeras. Las intensas precipitaciones y el constante incremento en los caudales de los ríos han provocado inundaciones, obligando a cientos de personas a abandonar sus hogares y dejando a varias zonas completamente aisladas.
De esta manera, la irrupción del agua golpea de manera directa la dinámica comercial y enciende las alarmas del sector empresarial. En diálogo con EL LIBERTADOR, el referente mercantil Enrique Collantes advirtió que el impacto del fenómeno ya adquiere dimensiones de preocupación a nivel nacional, perjudicando tanto el ámbito urbano como el rural.
«Y El Niño perjudica generalmente a todos, a la gente del campo y a la gente que está en la ciudad», señaló, y continuó con que «perjudica todo, negocios, cruces, y que hay gente que no viene porque no puede pasar».
Las dificultades de circulación y el anegamiento de accesos han bloqueado el flujo de personas y mercancías, afectando a negocios locales en distintos sectores. En las zonas de ribera y campos aledaños, familias enteras han tenido que ser evacuadas mientras los productores movilizan el ganado para proteger su patrimonio frente a la crecida.
«Más nosotros que estamos cerca en la ribera. Pero eso perjudica al comercio, al movimiento de la ciudad también», aseguró. A lo que, fue enfático: «El Niño en general va a modificar también la economía».
FACTORES DE
ORIGEN
El volumen extraordinario de agua no responde únicamente al régimen de lluvias local, sino a una compleja dinámica hidrológica regional. Los reportes vinculan el aumento de los caudales con abundantes precipitaciones en las cuencas altas ubicadas en Brasil, sumadas a los cambios en la operación de las represas hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá.
PRONÓSTICO
DE LA OMM
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de la ONU, confirmó la consolidación e intensificación de El Niño tras registrar un aumento persistente de la temperatura marina en el Pacífico ecuatorial desde mediados de agosto de 2026.
Con una probabilidad proyectada cercana al 100 por ciento, los pronósticos oficiales señalan que el fenómeno se mantendrá activo hasta febrero de 2027. Se prevé que alcance su máxima intensidad («muy fuerte») hacia finales de año, descartándose por completo el retorno a condiciones neutras o la reaparición de La Niña durante este ciclo.

