El avance incesante del río Paraná dejó a más de 40 familias aisladas en el barrio Itatí, en la zona de la avenida Chacabuco al fondo. El agua cubre varias viviendas y mantiene a otras al límite de la inundación. Pese a que el Gobierno provincial habilitó un centro de evacuados en la Escuela Nº 293 Donato Álvarez —ubicada en el barrio Pujol— para recibir a mujeres y niños de los sectores afectados como Quinta Ferré, Pujol, Sol de Mayo e Itatí, muchos pobladores optan por no irse. La decisión responde al temor a abandonar sus pertenencias y perder lo único que tienen.
Ante esta situación crítica, la propia comunidad empezó a agruparse para cocinar y brindar asistencia en la esquina de Bonpland y Chacabuco. Una recorrida de EL LIBERTADOR por el lugar permitió constatar cómo la solidaridad vecinal sostiene el día a día del vecindario.
En una de las casas acondicionadas se preparan el almuerzo y la merienda, mientras que en otro inmueble se elabora la cena a partir de los insumos que acerca la gente. Para sortear el bloqueo del agua, un grupo de vecinos utiliza canoas para llevar viandas directamente a quienes no pueden salir de sus propiedades y prefieren no trasladarse al refugio oficial.



La red solidaria en primera persona
La resistencia de los vecinos a dejar sus hogares depende en gran medida de la colaboración entre los mismos habitantes.

Una de las mujeres a cargo de la organización de las comidas describió cómo operan en la zona:
«Hay varias familias que cocinan para la gente. Hay familias que prestan su canoa porque acá hay muchos malloneros, que es zona de pescadores. Entonces prestan su canoa para que le acerquen a la gente que quedaron como atrapada en el agua, que todavía no le entró el agua a su casa pero no tienen salida. Entonces se le acerca la comida al mediodía o a la tarde, la merienda, lo que se puede hacer se comparte. Entonces nos pusimos a disposición de la gente que nos trae cosas. Y hoy se hizo la merienda y se repartió ropa que nos donaron. Y mañana se va a hacer un almuerzo, que también vino, se acercó hoy un vecino y nos bajó bolsas de papas, zanahorias, mayonesa. Mañana (por hoy) nos van a acercar los pollos y creemos que van a ser aproximadamente unas 200 porciones que se van a repartir mañana de pata muslo con ensalada rusa. Y eso le Conocemos al señor, se llama Cavi. Le damos las gracias por lo que vino a ofrecernos para mañana.»
Pérdidas materiales

La paralización de las actividades laborales empeora la realidad de la franja costera. Quienes viven de la pesca no pueden adentrarse al río a trabajar, lo que interrumpe el ingreso económico diario en hogares golpeados por la creciente y la presencia de alimañas en la zona anegada. Otra vecina del barrio detalló las necesidades urgentes y el trabajo de cocina continuado que realizan entre las familias:
«Se le hace la merienda con torta frita, se le hace con factura, se le hace con bizcochitos, bizcochuelos, con todo lo que podemos ayudarle a esta gente, que esta gente realmente necesita ahora más que nada. Ahora necesitan de todo, y somos estas cosas que hay acá que están donando la gente humilde, gente que lo poco que tienen ellos donan. Lo poco que tiene esta gente perdieron todo ese día. Hay gente, malloneros, que no pueden malonear, no pueden trabajar. Y esta gente necesita más que nada nuestro apoyo, nuestra ayuda. Por favor, acérquense. Si tienen botas, mejor, si la ayudan con botas. Esa gente que tienen que ir a mirar por su casa, lo poco que tienen están sacando. Hay muchos bichos. Piensen un poco por esta gente, gente humilde, pobre, lo poco que tienen perdieron todo.»





Fotos y videos: Luis Gurdiel

