Décadas de contaminación motivaron una histórica reunión de vecinos, ambientalistas, referentes locales de instituciones intermedias, ediles, y funcionarios del ejecutivo municipal para coordinar acciones que puedan revertir el grave impacto ambiental que afecta a toda la región de la triple frontera.
El reclamo apunta directamente contra la quema de caña de azúcar —una práctica arraigada desde hace 80 años— y los alarmantes perjuicios derivados de la empresa uruguayo-venezolana Alur (Alcoholes del Uruguay). Una problemática que no conoce fronteras.
Los daños socioambientales y sanitarios golpean por igual a los habitantes de Monte Caseros (Argentina), Bella Unión (Uruguay) y Barra do Quaraí (Brasil). Entre las principales denuncias de la ciudadanía se destacan: afecciones respiratorias severas; una constante «lluvia de cenizas» y los insoportables olores emanados por las piletas de vinaza de la planta de etanol. A ello se le suma el daño ecológico acumulativo que pone en jaque el ecosistema del río Uruguay y la calidad de vida de las comunidades ribereñas.
También se abordó el tema del basural a cielo abierto y los microbasurales.
Frente a este panorama crítico, la comunidad de Monte Caseros dijo basta. Organizados y sin banderas partidarias, coincidieron en trabajar juntos para encontrar respuestas urgentes con planes de mitigación reales.
Del Foro Ambiental Casereño para una ciudad más sustentable donde se proteja al ciudadano y su entorno participaron representantes del Club Náutico Social, Cultural y Deportivo Jangaderos, Los Amigos del Kayak, Avestri, Arbolando (con más de 1700 árboles plantados en los últimos años), Rotary Club Monte Caseros, alumnos y profesores de la Escuela Agrotécnica (lombricultura y compost) Bici Salud, de la Secretaría de Ambiente y concejales.
Ante esta situación, el Foro Montecasereño va a seguir trabajando. La próxima reunión va a ser el 11 de octubre a las 10 de la mañana, en la Biblioteca Popular Marcelino A. Elizondo ubicada en la calle Bergamini 273 y se convoca a todos los vecinos, a todas las instituciones intermedias, a las comisiones vecinales y a todo aquel que quiera participar para el cuidado del ambiente, para que vengan con ideas de trabajar de forma conjunta en pos de nuestro ambiente.
Cada vez que arranca la zafra, el viento se encarga de recordarnos una práctica tan arcaica como dañina: la quema masiva de hojas y campos de caña de azúcar. Lo que para algunos es un método de cosecha rápido, para las comunidades vecinas se traduce en techos negros, vehículos cubiertos de hollín, aire irrespirable y un peligro constante para la salud respiratoria.
El impacto invisible en el río Uruguay
Cuando las cenizas producto de la quema caen al suelo y sobre el espejo de agua del río Uruguay (o son arrastradas por las lluvias desde las napas y los arroyos), generan un daño ambiental profundo:
Carga de materia orgánica y acidez: los residuos de la combustión alteran la composición química natural del agua.
Arrasamiento de nutrientes y cenizas tóxicas: el material particulado contiene hidrocarburos y elementos de la combustión incompleta que terminan disolviéndose en el ecosistema acuático.
Eutrofización y daño a la fauna: el ingreso masivo de estos contaminantes disminuye el oxígeno disponible en el agua, afectando directamente a los peces, la flora nativa y alterando la biodiversidad de todo el curso del río.
Es urgente actualizar los métodos de producción, exigir la cosecha verde mecanizada y frenar un impacto transfronterizo que vulnera el derecho a vivir en un ambiente sano. El río y nuestra salud no se negocian.
El fuego no solo quema cañaverales, destruye el monte y la fauna
La quema indiscriminada de los campos de caña de azúcar y sus hojas arrasa con mucho más que residuos agrícolas: destruye el hogar de cientos de especies y ahoga nuestra biodiversidad transfronteriza.
¿Cómo afecta a las aves y animales silvestres?
Pérdida de hábitat y nidos: las aves que habitan los humedales y montes cercanos pierden sus refugios y zonas de reproducción en plena época de cría.
Asfixia y desorientación: el humo denso y la «lluvia de cenizas» afectan gravemente el sistema respiratorio de la fauna local y dificultan su visibilidad y alimentación.
Desplazamiento forzado: animales nativos se ven obligados a huir de sus territorios, quedando expuestos al peligro en rutas o zonas urbanas.
Proteger los corredores biológicos de nuestra región también es frenar el fuego.




Fotos: gentileza Chelina Fernández

