Cuando todavía faltan varios días para la partida, en muchas casas de la región ya empezó el ritual previo: revisar las zapatillas, separar la ropa de abrigo y calcular cuántas botellas de agua entrarán en la mochila. No es exageración. La Peregrinación Juvenil del NEA (Nordeste argentino) a Itatí convoca año tras año a una cantidad de fieles que pocos eventos religiosos logran igualar en esta parte del país.
La edición 2026 no será la excepción. Bajo el lema Caminamos con María para sanar, soñar y servir, se espera que columnas enteras de jóvenes partan durante la mañana y a lo largo del sábado 19 desde distintos puntos del Nordeste, con la meta puesta en la Basílica de Nuestra Señora de Itatí. La llegada está calculada entre la madrugada y las primeras horas del domingo 20, jornada que cerrará con una misa central a cargo de los obispos de la región.
La primera recomendación tiene que ver con la ropa: se aconseja optar por prendas cómodas y livianas para las horas de caminata, sin descuidar el abrigo necesario para cuando caiga la noche y bajen las temperaturas. A quienes transiten tramos de la ruta en horario nocturno o de madrugada se les sugiere utilizar chalecos refractarios o algún elemento con cinta reflectiva, un detalle que puede marcar la diferencia en cuanto a visibilidad frente al tránsito. Para las horas de sol pleno, gorra, anteojos y protector solar se vuelven aliados imprescindibles.
El cuidado de los pies ocupa un capítulo aparte, y no es casual: son ellos los que sostienen literalmente cada kilómetro del recorrido. La recomendación más repetida entre quienes ya hicieron esta caminata en otras ocasiones es tan simple como contundente: nunca estrenar calzado el día de la peregrinación. Las zapatillas deben estar ya usadas y resultar cómodas para quien las lleva puestas. También se sugiere guardar en la mochila un par de medias de algodón de repuesto, para cambiarlas apenas se sienta humedad o cansancio en los pies, algo que suele aparecer después de varias horas de marcha.
La hidratación y la alimentación completan el cuadro de cuidados. Cargar una botella de agua y recargarla en los puestos oficiales de asistencia dispuestos a lo largo del trayecto es una de las indicaciones centrales, sobre todo teniendo en cuenta las distancias y las condiciones climáticas que pueden presentarse en septiembre. En cuanto a la comida, se recomienda llevar frutas, caramelos o algún snack liviano que aporte energía sin sumar peso de más a la mochila, pensando siempre en que cada gramo cuenta a lo largo de una caminata tan extensa.
Más allá de la logística, lo que distingue a esta peregrinación es su costado comunitario. Se trata de un fenómeno que reúne a jóvenes de toda la región del NEA en torno a un mismo propósito, en una manifestación de fe que, con el correr de los años, sigue sumando participantes y consolidándose como una de las citas religiosas más importantes del calendario regional. Llegar preparado, entonces, no es solo una cuestión de comodidad personal: es también una forma de cuidar la experiencia colectiva que representa caminar junto a miles de personas hacia un mismo destino.
Una convocatoria que crece con los años
La Peregrinación Juvenil del NEA a Itatí se realizará los días 19 y 20 de septiembre de 2026 en su edición número 47, reuniendo a cientos de miles de jóvenes hacia la Basílica de la Virgen.
Las peregrinaciones a Itatí tienen raíces profundas que combinan la cultura guaraní y las primeras muestras de fe del siglo XVIII, con registros iniciales de caminatas de agradecimiento como la de Santiago Sánchez en 1718 desde Empedrado.
La masiva peregrinación exclusiva de jóvenes comenzó a tomar gran fuerza a finales de la década de 1970 y principios de los 80.
En 1979 se afianzó de forma regional la convocatoria del NEA, impulsada por diócesis locales y un fuerte movimiento pastoral que congregó a miles de caminantes de Corrientes, Resistencia, Goya, Formosa, Posadas y Oberá.
Coincidiendo con el crecimiento exponencial de la caminata juvenil, el santuario fue declarado Basílica menor en 1980, año en el que el flujo de jóvenes se volvió un hito cultural y religioso ineludible del Litoral.

