El caso de la yegua «Perla» se consolidó como un símbolo de resiliencia y rescate animal en la región de Santo Tomé, tras completarse un ciclo de recuperación que pasó de la crueldad del abigeato a la llegada de una nueva vida.


Encontrada en condiciones extremas, hoy protagoniza una historia de segundas oportunidades que involucró de manera coordinada a las fuerzas policiales, la justicia local y la comunidad académica.
El origen de esta historia quedó documentado en los informes de la Policía Rural y Ecológica de Desiderio Sosa, quienes en octubre de 2025 desplegaron un operativo de control contra el abigeato. Durante el procedimiento, los efectivos hallaron a una yegua que era explotada de forma sistemática por una banda de cuatreros para el transporte clandestino de carne de animales robados y faenados.

Al momento del hallazgo, el equino ni siquiera tenía un nombre. Presentaba un estado de desnutrición severa, signos avanzados de abandono crónico y múltiples marcas visibles de maltrato físico sobre su lomo, producto de las cargas ilegales a las que era sometida. Ante la gravedad de este escenario, intervino el fiscal de instrucción de Santo Tomé, Martín Leiva, quien dispuso el decomiso inmediato del animal. Para garantizar su resguardo sanitario y logístico, la justicia ordenó que fuera entregado a la Universidad del Salvador (Usal).
En la institución académica, bajo la tutela de un equipo interdisciplinario de médicos veterinarios y estudiantes de la Usal, la yegua comenzó un estricto proceso de rehabilitación. Además de curar sus heridas y restablecer su alimentación básica, el equipo de especialistas la bautizó formalmente como «Perla», marcando el inicio de una nueva vida bajo un entorno de libertad controlado.
Con el paso de los meses, la yegua no solo recuperó su peso óptimo y su fuerza física, sino también la confianza hacia las personas, reemplazando las cargas en el lomo por caricias.
A casi un año del operativo judicial que le salvó la vida, la evolución de Perla alcanzó su punto culminante con un acontecimiento biológico que los profesionales calificaron como un emblema de resiliencia: el nacimiento de su primer potrillo, un ejemplar macho que se encuentra completamente sano y fuerte.
Desde la institución académica destacaron que este nacimiento corona el éxito de su programa de cuidado y reinserción de fauna, transformando una cruda historia de criminalidad y sufrimiento rural en un mensaje de esperanza para toda la región.

