El deporte siempre fue una herramienta fundamental en la formación de nuestros chicos y jóvenes. Pero los tiempos cambiaron, y también cambió la manera de vivir y practicar el deporte.
Durante muchos años, la calle fue la primera cancha. Los chicos salían de sus casas y jugaban durante horas. Se aprendía jugando, compartiendo con amigos, resolviendo diferencias y muchas veces sin la presencia de un adulto. Ese deporte espontáneo y cotidiano que formó a tantas generaciones hoy prácticamente se perdió.
La realidad es diferente. Por distintos motivos, el deporte se fue trasladando de la calle a los clubes. Hoy los chicos practican fútbol, básquet, hockey, vóley, natación y tantas otras disciplinas dentro de instituciones, con horarios, profesores, entrenadores y espacios organizados.
En este nuevo escenario, los clubes cumplen un papel mucho más importante que antes. No son solamente lugares donde los chicos van a practicar un deporte: son espacios donde se encuentran, hacen amigos, aprenden a convivir con otros y construyen un sentido de pertenencia. En una sociedad donde muchas relaciones pasan por una pantalla, el club les devuelve algo esencial: el encuentro cara a cara, la charla, el compañerismo, compartir una alegría o superar juntos una derrota. Allí se generan vínculos que muchas veces duran toda la vida y que son fundamentales para su crecimiento y formación.
Y esta nueva realidad también genera una responsabilidad mucho mayor para nuestros clubes y, especialmente, para quienes tienen la tarea de estar al frente de los chicos. Ya no alcanza solamente con enseñar una técnica, preparar un equipo o buscar un resultado. También tenemos que formar, acompañar, contener y educar a través del deporte.
En tiempos donde las pantallas, los celulares y las redes sociales ocupan tantas horas de sus vidas, conseguir que un chico vaya a entrenar, comparta con sus compañeros, se esfuerce por mejorar y se sienta parte de un equipo tiene un enorme valor.
También cambiaron las formas de entrenar y acompañarlos. Hoy existe mayor preparación, tecnología y una mirada más integral sobre el deportista: entendemos mejor la importancia de la alimentación, el descanso, la preparación física y también del acompañamiento emocional.
Pero hay algo que no cambió: los valores que transmite el deporte. El respeto, el compañerismo, la disciplina, el esfuerzo, la solidaridad, aprender a ganar y, fundamentalmente, aprender a perder y volver a intentarlo.
Quizás ya no veamos tantas pelotas rodando por nuestras calles como antes. Por eso tenemos que cuidar, acompañar y fortalecer los lugares donde hoy nuestros chicos eligen hacer deporte.
Porque detrás de cada chico que entra a un club no solamente puede haber un futuro deportista. Hay una persona que está aprendiendo a crecer, a formarse, a convivir, a respetar y a prepararse para la vida.
Por eso, cuando hablamos de deporte, no hablamos solamente de competencia o resultados. Hablamos de educación, de valores, de oportunidades y, fundamentalmente, de formar mejores personas.
Pablo Alonso
Presidente de la Liga Correntina de Fútbol


