El rescate de un zorro y una cría de chancho salvaje que permanecían atados dentro de una vivienda en Curuzú Cuatiá volvió a poner en el centro del debate una práctica que especialistas, ambientalistas y organizaciones dedicadas a la protección de los animales reprueban y consideran perjudicial tanto para la fauna como para las personas: el mascotismo de especies silvestres.
Medios locales dieron cuenta que el procedimiento se realizó tras una denuncia que alertó sobre la presencia de ambos ejemplares en un domicilio del barrio Yaguá Rincón. Los animales habrían estado alrededor de un mes en el lugar y eran criados como mascotas. Luego de constatar la situación y con una orden judicial, las autoridades concretaron el secuestro de ambos ejemplares.
Así, la cría de chancho sería destinada a una Escuela de la Familia Agrícola (EFA) y el zorro trasladado al Centro Aguará.
Más allá de este episodio puntual, organizaciones ambientalistas y proteccionistas advierten desde hace años que la tenencia de animales silvestres como mascotas continúa presentándose como una problemática que afecta a numerosas especies. Señalan que muchas veces estos animales son retirados de su hábitat natural cuando aún son crías, una práctica que altera el equilibrio de los ecosistemas y reduce las posibilidades de supervivencia de los ejemplares en libertad.
En diálogo con EL LIBERTADOR, el ambientalista Luis Martínez sostuvo que, «aunque parezca increíble», la tenencia de fauna silvestre en Corrientes continúa siendo una realidad y consideró que se trata de una problemática que requiere un cambio cultural. «Es algo que hay que sacar de raíz; es un trabajo cultural que hay que combatir», expresó. Al mismo tiempo, valoró el accionar de las autoridades provinciales al señalar que, a partir de las denuncias, se concretan procedimientos de rescate de manera rápida.
En ese escenario, advirtió que muchos de los animales recuperados ya no pueden regresar a su ambiente natural debido al proceso de domesticación al que fueron sometidos. «Muchos de los animales nativos que se recuperan de la tenencia como mascota no pueden volver a su ambiente natural porque ya no pueden desenvolverse por sí mismos», explicó.
Especialistas también remarcan que, aunque algunas especies puedan acostumbrarse temporalmente al contacto con las personas, eso no significa que pierdan sus comportamientos naturales ni que puedan desarrollarse en condiciones adecuadas dentro de una vivienda. La alimentación, el espacio, los estímulos y las necesidades biológicas de estos animales difieren de las de una mascota doméstica, por lo que su permanencia en cautiverio suele provocar estrés, problemas de conducta y deterioro físico.
Asimismo, sostienen que el mascotismo alimenta indirectamente el tráfico ilegal de fauna. La demanda de animales silvestres incentiva la captura de ejemplares en ambientes naturales y, en muchos casos, la muerte de otros individuos durante ese proceso. Por ese motivo, insisten en que la mejor manera de proteger la biodiversidad es evitar la compra, el intercambio o la tenencia de especies que pertenecen a la fauna autóctona.
Martínez consideró que, además de las denuncias y los rescates, es necesario que existan sanciones ejemplares para desalentar estas conductas. «Siempre apelamos a una sentencia que cambie esta situación y envíe un mensaje claro de que está mal tener animales silvestres», afirmó. En ese sentido, señaló que, si bien cada vez son más las personas que entregan voluntariamente los ejemplares que mantienen en cautiverio, todavía existen casos en los que la Justicia debe intervenir porque los tenedores se niegan a desprenderse de ellos tras generar un vínculo afectivo.
Asimismo, destacó que aquellos ejemplares que ya no pueden ser reinsertados en su ambiente natural son derivados, en muchos casos, al Centro Aguará, donde permanecen bajo cuidado permanente. Según explicó el ambientalista, solo en situaciones excepcionales algunos ejemplares pueden integrarse a proyectos de reintroducción o colaborar en la crianza de animales huérfanos. «La mayoría permanece allí hasta sus últimos días», lamentó y agregó que el mascotismo, junto con la caza furtiva, los atropellamientos y el maltrato, hace que el centro reciba cada vez más animales que ya no tienen posibilidades de recuperar la vida silvestre.
Ante situaciones en las que se detecten animales silvestres mantenidos de manera ilegal o ejemplares heridos, los especialistas recomiendan dar aviso a las autoridades competentes y evitar intervenir por cuenta propia. Los centros de rescate cuentan con equipos capacitados para evaluar el estado de cada animal y definir el tratamiento o eventual reinserción en su ambiente natural.
El caso registrado en Curuzú Cuatiá vuelve a exponer una problemática que, según organizaciones ambientales, requiere mayor concientización social. Para Martínez, además de fortalecer ese trabajo educativo, resulta indispensable avanzar en una actualización de la legislación vigente. «Venimos solicitando hace mucho tiempo la modificación de la ley de fauna para que se adapte a las necesidades y escenarios actuales que ponen en riesgo a nuestra fauna silvestre», sostuvo.

