La fauna correntina vuelve a escribir una página histórica. Tras haber sido detectado, días atrás, inicialmente en la zona rural de Mburucuyá, el yaguareté sumó una nueva marca en su trayecto: el último registro oficial se habría constatado este martes en la zona de Loma Alta.
En una gráfica a la que tuvo acceso exclusivo EL LIBERTADOR de la fuente que el pasado domingo facilitó la imagen de la escuela, se observaría al hermoso animal andando por el costado de una ruta que sería la provincial 13.

Se debe señalar que el impacto de su presencia se sintió de inmediato en la cotidianeidad de la región. Como medida preventiva, se suspendieron temporalmente las clases en las escuelas rurales del área, mientras la comunidad espera con gran expectativa la llegada de un equipo de investigadores y especialistas en conservación para monitorear el desplazamiento del ejemplar.
Este fenómeno se vivió con especial júbilo en Mburucuyá, coincidiendo con los festejos patronales de Santa Ana en una capilla rural de la zona. Para los pobladores, presenciar el retorno del gran predador tras casi 70 años de ausencia representa un motivo de profundo orgullo e identidad.


EL RASTRO DE LAS PISADAS


Las pisadas fueron fotografiadas por directivos y docentes del establecimiento educativo a las que tuvo acceso exclusivo EL LIBERTADOR, quienes alertaron a las autoridades sobre la posible presencia del felino en la zona.

Especialistas en vida silvestre y un equipo de la Fundación Yaguareté se trasladó al lugar para iniciar las tareas de campo y verificar el recorrido del animal. Como parte del operativo, se instalaron cámaras trampa en distintos sectores del paraje con el objetivo de captar imágenes del ejemplar y conocer sus desplazamientos.
Paralelamente, los investigadores realizaron un rastrillaje para determinar si se trata de un yaguareté liberado en el marco del programa de reintroducción de la especie y comprobar si posee un collar con sistema de monitoreo satelital (GPS).
MEMORIA VIVA: «TIERRA DE YAGUARETÉS»
La reaparición del felino ha despertado la memoria colectiva de los parajes correntinos. La localidad fundada por Pedro Ferré guarda en su ADN una profunda vinculación con la especie. Juan Pared, histórico poblador del paraje Manantiales, rememora aquellas épocas en que el lugar era reconocido popularmente como «Mburucuyá, tierra de yaguareté».
«En el lento paso del trencito ‘El Económico’, que unía la Capital provincial con Palmar Grande y otros pueblos, los yaguaretés caminaban parsimoniosos al borde de las vías férreas», recordó el lugareño.
Aquel paisaje de vías y montes no sólo era el hábitat del felino, sino también la arteria productiva de Corrientes: desde Mburucuyá salían las legendarias naranjas hacia la capital, el algodón que cruzaba el océano hasta el puerto de Liverpool en Inglaterra, y el tabaco negro que terminaba en las calles de París. Hoy, con las vías desaparecidas, el felino vuelve a andar por los mismos antiguos caminos.
EL TRIUNFO DE LA CONSERVACIÓN

Este nuevo avistamiento no es un hecho aislado, sino el fruto maduro de una visión conservacionista a largo plazo. La comunidad local destacó el trabajo pionero iniciado por Douglas y Kristine Tompkins, quienes desde la Estancia Rincón del Socorro impulsaron, junto al Gobierno provincial, un ambicioso proyecto de reintroducción de especies extintas.
Actualmente, el Gran Parque Iberá alberga a cerca de 50 yaguaretés registrados en libertad. Al desplazarse sin barreras por la geografía del humedal, los encuentros directos con turistas, guías y pobladores —como los ocurridos meses atrás en Loreto— son cada vez más frecuentes. Este programa de rewilding no solo ha devuelto al yaguareté a Corrientes; también ha hecho posible el retorno del oso hormiguero gigante, la nutria gigante y otras especies autóctonas que hoy vuelven a poblar el campo correntino.

