La identidad correntina vuelve a encontrar su punto de ebullición en las festividades de San Juan Bautista. Entre el aroma a chipá, el sonido persistente del chamamé y el calor de las fogatas, la localidad de San Carlos se convierte hoy en el epicentro de una de las devociones más profundas de nuestra tierra: el tradicional “San Juanazo”.

Desde las 19, el predio de la Capilla San Carlos Borromeo se transforma en un escenario donde el tiempo parece detenerse para honrar las costumbres ancestrales. No se trata solo de una fiesta patronal; es un encuentro familiar donde la pelota tata, el toro candil y el infaltable convite de empanadas y tortas fritas preparan el espíritu para el momento más esperado de la noche.


EL FUEGO COMO PURIFICACIÓN
El clímax de la jornada llega con la quema de muñecos, un ritual cargado de simbolismo donde los asistentes depositan sus miedos y penas para dar paso a la esperanza. Marta Melgarejo, secretaria de la iglesia local, explicó a EL LIBERTADOR que esta celebración, enmarcada en el corredor jesuítico guaraní, busca mantener viva la llama de la identidad.
«Con el fuego reavivamos esto un poco, de quemar todo aquello que hace mal y darle vida a las buenas costumbres», señaló Melgarejo, resaltando que la festividad coincide con el solsticio de invierno, un momento de oscuridad que la comunidad combate con luz y fe.
VALORES EN LAS CENIZAS
Un detalle que define el carácter ético y educativo de este evento es la participación activa de los niños y las escuelas. En la elaboración de los muñecos, existe una regla inquebrantable: está prohibido poner nombres de personas o figuras públicas. El objetivo es pedagógico: se queman conceptos abstractos como la envidia, la maldad y el sufrimiento, permitiendo que las nuevas generaciones crezcan en valores de superación personal y colectiva.
Para los más valientes, la noche reserva el ancestral cruce de brasas, un acto de fe donde los fieles desafían el carbón encendido para demostrar su devoción y fortaleza espiritual.
La emoción es tangible entre los organizadores. «Es muy bueno ver cada mensaje; es emotivo ver cómo los chicos se entusiasman quemando todo lo malo», relatan desde la organización, destacando el trabajo conjunto que permite, año tras año, que la tradición del San Juanazo siga iluminando el invierno correntino.
Fotos & videos Luis Gurdiel

