Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
Sabido es que hasta no hace mucho los diarios y periódicos fueron los medios de información preferidos de la sociedad. En Corrientes, la historia de los gráficos está ligada al desarrollo político, cultural y comercial de su comunidad. Además, desde que comenzaron a circular, en sus páginas quedaron registrados los hechos más relevantes y también de los más curiosos que ocurrieron en la provincia. Ese es, por ejemplo, el caso de La Opinión, que en enero de 1858 dio cuenta de cómo logró espantar a un «fantasma» que causaba temor en las fronteras de la entonces creciente ciudad Capital.
En el artículo: Libertad de imprenta y exilio. Corrientes (1858-1881), la investigadora Raquel Bressan, explicaba sobre La Opinión que era el único que circulaba en Corrientes entre 1857 y 1858. Y, en las ediciones de este impreso, guardadas en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, el medio se presentaba como «Periódico político, literario y comercial». Valía un peso y en su tapa se aclaraba: «La Opinión hace la publicación oficial de todos los documentos de la Administración, pero su Redacción no es oficial», por lo que era una herramienta a través de la cual, la comunidad se enteraba de los decretos y las normativas que dictaban la Municipalidad, la Policía y la Gobernación. Aunque lo más celebrado eran los distintos sucesos de la ciudad que se redactaban en la sección Crónica Local.
Fue allí, donde el 17 de enero de 1858, se publicó un llamativo hecho: «Fantasma. Dícese que por cierto paraje de los suburbios de la ciudad, anda un hombre alto, envuelto en una larga capa negra (sin duda tiene frío) que muchos han tomado por fantasma, aunque algo dañino de intención por ciertas señas…», haciendo mención a unas denuncias por esa extraña aparición que causaba temor en los vecinos de esos lugares.
Inmediatamente y con la presunción de que se trataba de algún pícaro que pretendía pasarse de los límites, también le hacían una fuerte advertencia. «Le avisamos que se le sigue la pista y que no tardaremos en verlo caer en alguna de las cimbras que se le han puesto. Muchas veces por una se pagan todas. Si su objeto es asustar a las mujeres y criaturas, ya lo ha conseguido y puede estar satisfecho. Los hombres de hoy se ríen de los fantasmas y muchos han salido más que asustados cuando han querido asustarlos. Chaque, pues, amigazo», completaba la publicación.
Lo curioso es que la advertencia que le hizo el periódico correntino pareció funcionar a modo de exorcismo, porque la misteriosa figura de sospechosas intenciones, no volvió a aparecer.
La edición del día siguiente (20 de enero de ese año) lo celebraba de esta forma: «El fantasma. Parece que escuchó con atención nuestro aviso, se ha retirado a cuarteles de invierno a lo que parece, porque estas últimas noches no se le ha visto el pelo. Ha hecho muy bien. Le aconsejamos no se aventure así nomás, porque los lebreles que le siguen la pista son de buen olfato y mejores dientes».
CLÁSICO
El hombre de negro que asusta a poblaciones de zonas alejadas de la ciudad es un ser recurrente en las leyendas urbanas. Cada tanto se lo vuelve a mencionar en algunas reuniones populares. Pero en este caso, lo insólito fue que el llamado de atención que hizo el diario fue suficiente para hacerlo desaparecer. Una noticia que aparentemente se llegó a leer y muy clarito, en el «más allá».





