En una tarde que pudo terminar en tragedia, la rápida reacción de dos efectivos fue la diferencia entre la vida y la muerte. Aplicaron maniobras de reanimación mientras se dirigían a toda velocidad hacia el Hospital Pediátrico.
Lo que parecía ser una tarde de domingo habitual en la base del Grupo de Intervención Rápida (GIR), se transformó en una escena de extrema tensión alrededor de las 18. El silencio de la guardia se vio interrumpido por los gritos desesperados de dos mujeres que llegaron pidiendo auxilio con una bebé en brazos que, según manifestaron, no podía respirar.
La menor, de apenas 10 meses de vida, se encontraba en una situación crítica. Ante la urgencia del cuadro, la oficial auxiliar Natalia Pérez y el sargento Gerardo Barberán no dudaron: tomaron a la niña y, de forma inmediata, comenzaron a aplicar las maniobras de primeros auxilios conocidas como Heimlich para liberar sus vías respiratorias.
Carrera contra el reloj
Mientras los efectivos iniciaban las maniobras, se coordinó un traslado de emergencia en el móvil policial hacia el Hospital Pediátrico Juan Pablo II. El trayecto fue una verdadera carrera por la vida; mientras el patrullero sorteaba el tránsito con celeridad, la oficial Pérez continuó con las tareas de reanimación dentro del vehículo.
Gracias a este accionar constante y profesional, la pequeña reaccionó minutos después, logrando recuperar la respiración antes de ingresar al centro de salud.
Final feliz y reconocimiento
Una vez en el nosocomio, la bebé fue recibida por el personal médico de turno, quienes procedieron a asistirla de inmediato. Según se informó, la niña quedó internada en observación para un control exhaustivo de su estado general, aunque ya fuera de peligro.
Este episodio, ocurrido ayer 3 de mayo, no solo destaca la capacidad técnica de los uniformados en materia de primeros auxilios, sino también su compromiso y vocación de servicio. Una intervención eficaz que evitó un desenlace fatal y devolvió la tranquilidad a una familia correntina.

